lunes, 18 de diciembre de 2017

ERES TAMBIÉN LA ESPERANZA

ERES LA VIRGEN DE GRACIA
Llamada así por el Ángel Gabriel
Pues Dios te preparó desde el principio
para, en tu  purísimoVientre, Nacer

Y MADRE NUESTRA QUERIDA
Que diste a luz al Salvador
y en la Cruz maldecida
A ti, por Madre nos dió

ERES TAMBIÉN LA ESPERANZA
En el tiempo frio del Adviento
Cuando nos vestimos de espectante morado
Aguardando de tu Hijo el Nacimiento

DE AQUELLOS QUE EN TI CONFÍAN
Eres guía y consuelo
De aquellos que, bajo tu manto, buscan
remontarse por Ti al Cielo.

ANTE TU ALTAR ACUDIMOS
Buscando tu dulce amparo
Con los labios cargados de plegarias
Y de besos para tu nívea mano

PARA IMPLORAR TU TERNURA
no nos faltan nunca oraciones
que la boca se nos llena de alabanzas
para cantarte a ti, Flor de las Flores

Y CON GRAN FE TE PEDIMOS
A ti, de Dios Mediadora
que nos des Esperanza en nuestro camino,
que nos muestres la Gracia Salvadora

QUE NO NOS OLVIDES NUNCA
Te suplicamos fervientemente
Y sabiendo que nunca nos dejas
te cantamos devotamente:

ERES LA VIRGEN DE GRACIA,
Y MADRE NUESTRA QUERIDA,
ERES TAMBÍEN LA ESPERANZA
DE AQUELLOS QUE EN TI CONFÍAN

ANTE TU ALTAR ACUDIMOS
PARA IMPLORAR TU TERNURA,
Y CON GRAN FE TE PEDIMOS
QUE NO NOS OLVIDES NUNCA.


Ahora si, hoy, festividad de Nuestra Señora de la Esperanza, nos despedimos del año del blog con el reportaje del Besamanos y Presentación de los Recién Nacidos a la Virgen de Gracia y Esperanza que anoche vivimos en el Convento. Dentro de una semana, nuestras Esperanzas se verán cumplidas pues, la llena de Gracia dará a luz al Rey del Mundo. Alegraos siempre en el Señor, alegraos y regocijaos pues está cerca la Salvación, preparad los caminos del Señor, allanad sus sendas, limpiad vuestro corazón y llenadlo de la Luz que María, la Virgen de Gracia y Esperanza, nos viene a traer.

ERES TAMBIÉN LA ESPERANZA



viernes, 15 de diciembre de 2017

A 100 DÍAS, A 10 TAN SOLO

Cada vez que la iglesia se viste de morado nos invita a convertirnos, a preparar nuestra alma para recibir una gran alegría, para recibir a nuestro Señor, en Adviento para celebrar su nacimiento a este mundo, en Cuaresma, su renacer a la Vida Eterna y, junto con Él, todos nosotros. Cuando el morado tiñe los altares, es tiempo de mirar adelante, pero también de mirar atrás y evaluar todo lo vivido. Y ahora, en adviento, al final de este año, los cofrades miramos atrás, haciendo un resumen de todo lo que hemos vivido en este año 2017.

Lejano se antoja ahora febrero, aquel 11 de febrero que nos traía Remembranzas de un pasado perdido en la memoria, reuniendo de nuevo ante los fieles de la Asunción a dos de los más antiguos moradores de la Basílica: El Nazareno y la Soledad. Comenzaba para nosotros un año intenso; un año en que la Cuaresma nos traería sones musicales de muy distinta índole, en que la Soledad volvía a hacer entrada en la Iglesia, ataviada con nuevos y suntuosos ropajes, para velar al hijo que desde hace décadas la acompaña en el sepulcro de su capilla y San Pedro por última vez atravesaba el portón de San Juan Bosco, sin imaginar que unos meses después se mudaría de allí. Una cuaresma preludio de una Semana de Pasión para resarcirnos de aquella otra lluviosa que dejó al Cristo de la Sangre bajo las bóvedas eclesiales y a Jesús Nazareno prendido antes de tiempo. Y un año en que la Resurrección de Cristo se enmarco entre los melocotoneros en flor y los aromas primaverales de la Floración

Un año que quedará para la memoria como el año de los viajes, el año en que nuestra Patrona peregrinó a Caravaca, mostrándonos el Camino a la Cruz de Cristo. El año en que ella visitó a su homónima del Buen Suceso en Murcia y en Murcia reinó en una noche de Noviembre el Cristo del Consuelo. Un año en que nuestras imagenes viajaron y nosotros también, visitando en septiembre la Pasión en Jumilla y en Noviembre la Capital para disfrutar junto con España entera de lo mejor de toda la Región en la #MagnaMurcia.

Y un año que, al fin del mismo, ya entrados en el adviento, la Basílica revivió aquellos años ya olvidados en que sus muros reflejaban los roncos ecos de los tambores de los Armaos que llegaban a prender a Jesús Nazareno, increpados por la voz de d.Antonio Salas, anticipando así lo que el nuevo año nos ha de deparar, el 325 aniversario de nuestra cofradía más antigua.

Aun nos queda besar las manos de la Esperanza, dándole ánimos a nuestra Madre, la llena de Gracia, por el duro trance que ha de sobrevenirle en 10 días, el parto que más merece la expresión de "Dar a luz", pues de su vientre ha de nacer la Luz del Mundo, una luz que, dentro de 100 días se entregará para nuestra Salvación. Preparemos así nuestro corazón, reconsideremos nuestra vida, igual que recapitulamos cada acto cofrade, evaluándola y reconociéndonos imperfectos y necesitados de nuestro Señor, aquel que nos da la vida y nos enseña que el camino de la Vida es accesible para todos, sólo tenemos que hacernos pequeños, como Él se hizo pequeño, decirle Si a Dios y declararnos sus esclavos para que Él haga en nosotros, como en María, obras grandes y, por último, aceptar la Cruz y seguirle hasta donde nos quiera llevar, aunque ese camino pase por la muerte pues, si con Él morimos, viviremos con Él.

Con este artículo, Pensamientos de un Ciezano se despide de ustedes hasta el próximo año 2018, un año que vendrá cargado de nuevos proyectos y la continuación de los comenzados este año, como nuestro canal Redes Cofrades, en el cual estamos trabajando para ofrecerles un contenido mayor y de mejor calidad. Y todo ello, como siempre y desde el principio de este blog, por Cieza, desde Cieza y para Cieza.

Gracias por estar ahí y nos vemos en 2018.



sábado, 25 de noviembre de 2017

#MAGNAMURCIA - EL ORGULLO DE LOS CIEZANOS

Ya han pasado dos semanas desde aquel momento. Dos semanas desde que, con el pecho exultante, redoblando a paso ordinario, de mi boca brotaban esas palabras: "Ya hay luz roja en San Antolín"

Aunque mi gran pasión sean las procesiones, aunque me encante ver un paso, sea de donde sea, con su banda y sus penitentes en la calle (y mucho más si son 16). Aunque a Ti te haya visto tantas veces y a los otros tan pocas o ninguna, y quien sabe si volveré a verlos alguna vez procesionar, se que bajé ese sábado a Murcia, como toda Cieza, sólo por verte a Ti. Y es que, como dice ese famoso poema, tanto en gozos como en lamentos de Cieza entera los pensamientos son para Ti.

La semana se hizo más corta, el trabajo y el estudio mas llevaderos cuando, ese miercoles por la tarde me acerqué a San Antolín tan sólo por contemplarte. Se que puede parecer raro que yo, que tan pocas veces subo a verte, acudiera tan de prisa a tu encuentro. Pensaba que, acostumbrado a tanta visita diaria de tus hijos, en Murcia te ibas a sentir un poco solo, pero me equivocaba. ¡Cuántos no serán los ciezanos que viven allí y que de normal no pueden verte los que, con los ojos vidriosos de júbilo, se reencontraban con tu serena faz! Tanto que poco falto para que te secuestraran. Mas ellos saben que Cieza no es Cieza sin ti. Y no sólo a ellos, todos aquellos que acudieron a visitar la exposición de pasos, al parar quedaban prendidos de la grandiosidad de tu trono, de la fuerza de tus rojas tulipas, de la armonía de tus ángeles, de la riqueza de tu Cruz, Sudario y Tonelete, muestras del afecto de un pueblo que te adora. No obstante, de lo que quedaban en verdad prendados es de aquello que, desde que nacemos, enamora a los Ciezanos, de esos ojos que, no muertos, resplandecen entreabiertos, sonriendo a cuantos se acercan a tu faz contemplar.

Mientras allí estaba, explicaba a cuantos visitantes confundidos por allí pasaban cual era este u otro trono, y, cuando llegaba tu turno, la voz me cambiaba, los ojos me brillaban, y me explayaba cantando tus grandezas. Así, mientras de ti hablaba, comprendía que no había ido allí por voluntad propia, que Tú me habías llamado a estar esas horas junto a Ti para, haciendo gala de tu advocación, ayudarme en el día a día y recordarme que siempre estás conmigo.

Llegada la tarde del sábado, las túnicas rojas de tus anderos se agolpaban bajo tus varas, prestos a llevarte como si de Miércoles Santo se tratara. Y la Procesión General se fundió, en aquella mística tarde de noviembre, con el Día de la Cruz. Allí por dónde pasabas, los ciezanos te esperaban, y se ponían en pié, y te aplaudían y te gritaban vivas. Y murcianos y extranjeros no podían si no sumarse a los honores que tus devotos hijos te rendían. Tu reinaste en Murcia aquella tarde, ajeno a polémicas. Tú demostraste que, sin necesidad de ser Patrón, Cieza te lleva en su corazón a dónde quiera que va y Tú la llevas contigo siempre pues por algo te llaman Faro Luminoso y Misterioso Imán.

Tu procesionar arrancó suspiros y lágrimas, tanto a aquellos que en persona te vieron como a aquellos a quienes no dejaste ir porque sabías que necesitaban descanso. Los primeros lloraban por verte, los segundos por no poderte ver, y todos se encomendaban a ti. 

Y al terminar aquella noche, mi último pensamiento fue para ti:

De las muchas estampas con las que esta noche podría quedarme, he escogido quizás la más previsible, la más típica. Pero la he escogido por una razón sencilla; 17 años después se ha vuelto a darse la misma estampa: El Señor de Cieza sobre el fondo de la Catedral.
Dentro de 17 o más años, cuando los ciezanos recordemos este día, puede que recordemos que Cartagena llevo al Señor de los Californios a la Capital, puede que recordemos el silencio frente a la Iglesia de Jesús al sonar la campana del Nazareno de Lorquí, minutos antes de bendecir a su inmortal Madre Dolorosa, puede que recordemos lo bien que sonaba esta o la otra banda, la presencia que tenía este o aquel paso en las calles de Murcia, puede que recordemos el eco de Semana Santa Ciezana en los recovecos de la fachada del Casino. Puede que recordemos muchas cosas o puede que no. Lo que si es seguro es que, dentro de 17 años o más, los ciezanos que allí estuvimos recordaremos que el Santo Cristo, nuestro Santo Cristo, volvió a reinar en las calles de Murcia y que nosotros estuvimos allí, ajenos a toda polémica, para gritar con el cariño y el fervor que sólo nosotros sabemos emplear cuando se trata de Él: ¡Viva el Santo Cristo del Consuelo!

 


  




 


 


  


 




jueves, 23 de noviembre de 2017

#MAGNAMURCIA - PASIÓN MURCIANA

Es lugar común en el hablar cofrade murciano comentar en la tarde de Domingo de Ramos que Murcia se convierte en la Jerusalén Huertana. Y el pasado 11 de Noviembre, al salir a la calle la Magna Procesión "Salvados por la Cruz de Cristo", se hizo patente la veracidad de esa expresión. Aquellos que, foráneos de la capital, absortos por nuestras propias procesiones y costumbres, no podemos visitar en esas fechas la Capital del Segura, pudimos vivir en esa tarde lo que se siente en Murcia en los días de la Pasión.

Auroros, estantes y burlas. Sonidos de la añeja huerta murciana que perpetúan la idiosincrasia de una ciudad con hondas raices de pasión. El tañer de las campanas, que marcan el ritmo de los coros populares de auroros se escuchó en el recorrido, esas voces que nos transportan a los días del triduo pascual, le dan al cortejo un aire antiguo y místico, mostrando al mundo que en Murcia no se dejan llevar por modas o tradiciones ajenas, sino que mantienen la esencia de una Semana Santa que es parte tanto de los viejos nobles, mecenas de los artistas, como de los sencillos huertanos, que ofrendaban a Cristo y a su Santa Madre de los Dolores sus cantos, ensalzando las glorias del Dolor que trajo al mundo la Redención. El ronco cantar de los tambores sordos y el estridente sonar de las bocinas, heraldos de la pasión, recordatorios de la penitencia y del dolor de Cristo frente a la sordidez de un mundo que lo condenó, y hoy sigue condenándolo, a muerte. Cristo se pasea sereno por las monumentales calles del centro histórico de Murcia mientras, en los recovecos de la fachada catedralicia, rebotan los ecos de ese triste anuncio de muerte y potente reclamo a la conversión. Y sorda resuena la tarima al golpe de la vara del cabo, marcando el inicio de ese caminar tan característico de los pasos murcianos. Sonido de pies a ritmo desparejo, que llevan en volandas las escenas del misterio salvador de la Muerte y Resurrección mostrandonos a Jesús entrando en Jerusalén, maltratado por judios y romanos, abandonado de sus discípulos, muerto en la Cruz, sepultado y enaltecido en la Gloria de la Resurrección, con su Santa Madre siguiendolo de cerca, transida de dolor al pie de la cruz y gloriosa en la triunfante Ascensión.

La ciudad de Murcia mostró en esa semana lo mejor que tenia para mostar: su Semana Santa, a través de la pintura de sus artistas más contemporáneos y a través de la escultura, desde sus primeros pasos en el intento de representar a Cristo Redentor hasta las últimas muestras de la acción evangelizadora de la imaginería. Salzillo omnipresente, pues a él se le debe lo icónico y canónico del levante español, desde su temprano Cristo del Perdón, presidiendo la exposición de pasos en su retablo de San Antolín, hasta su Cristo de la Buena Muerte (de Santa Clara la Real), último crucificado que pasó por sus manos, pasando por las dos grandes Vírgenes que creó: Angustias al pié de la Cruz, llorando impotente por la muerte de su Hijo Amado, Dolorosa inmortal, la Grande, una de las tres de España, junto con sus hermanas sevillana y vallisoletana. Mas Murcia tiene mucho más que mostrar: el gótico de la Salud, el Barroco de Bussy y del Cristo del Refugio, Los antecedentes y los consecuentes al maestro que elevó a Murcia al olimpo artístico. Y la modernidad de los grandes maestros, tanto los llegados de fuera como los nacidos en las huertas de Espinardo y Aljucer. Espinardo de Planes, el Planes de los yacentes y el Resucitado y Aljucer de González Moreno, quien consiguió dejar atrás la herencia de Salzillo y triunfar en el empeño de conseguir obras capaces de igualarse a las de don Francisco.

Mas Murcia no es solo la Ciudad, pues tiene grandes rincones. La marcialidad Cartagenera, representada en la california cofradía con su Jesús Prendido. La sobriedad de la penitencia Jumillana, donde la noche del Martes Santo, el Cristo de la Vida se pasea en silencio, alumbrado entre humaredas de olivo, recordando las procesiones de antaño, aquellas que se iniciaron con las prédicas de San Vicente Ferrer. La serenidad de Yecla con su Cristico y la grandeza de la desconocida pasión Caravaqueña con su Cristo del Balcón. Y la sobriedad y elegancia del Sepulcro de alhelíes de Santomera. Y, tan cercana a la murciana tradición, Lorquí y su Nazareno, Jesús de la Caida puesto en pié para bendecir a Murcia con su divina diestra. Y entre la marítima Cartagena y la ciudad del Vino, entre el Noroeste de la Cruz caravaqueña y el culmen del Altiplano, remontando el Segura desde el valle de Murcia, al pasar del valle de Ricote se llega a una ciudad entregada a su Pasión, que presta acudió a Murcia con su más insigne devoción, con su elegancia en el andar y su amplio patrimonio musical. Cieza, Perla del Segura, que mostró su forma de ser representada en el Consuelo de su aflicciones, el Santo Cristo del Consuelo.
Murcia de Esperanza y Caridad, Cartagena de Marina y Caravaca del Balcón, Murcia de Dolores y de Salzillo, Murcia de Salud añeja y Sepulcro nuevo, Jumilla de Vida y Cieza de Consuelo, Murcia de Soledad tras el Sepulcro de Santomera, Murcia sierva de las Angustias de María, Murcia gloriosa de Resurrección plena. Murcia de estantes, auroros y burlas, Murcia de anderos, portapasos y saetas, Murcia de Gloria y Penitencia, Murcia de Bandas, Tambores y Cornetas, Murcia Cofrade y Nazarena, que hasta en Noviembre impresiona a cuantos su huertana faz atisban.


CUARESMA OTOÑAL

SPLENDOR CRUCIS








martes, 21 de noviembre de 2017

#MAGNAMURCIA - SALVADOS POR LA CRUZ DE CRISTO

Y noviembre transformó Murcia en Jerusalén. Y Murcia volvió a poner el evangelio en sus calles. Predicando, como cada primavera, que Cristo Murió y Resucitó por nuestra Salvación. Murcia, incluso en noviembre, nos recuerda que fuimos salvados, y que aun somos Salvados por la Cruz de Cristo.

San Antolín se tiñó de verde, convirtiendose así en Esperanza, Esperanza en la Salvación, Esperanza en la Resurrección, Esperanza en el día en que San Pedro nos deje entrar, como Cristo en Jerusalén, triunfantemente en el Cielo. Jesús, a lomos de su Burrica, nos muestra el camino de la Salvación, aunque sus apóstoles desconfíen, el nos muestra a niños y mayores que Él es Camino, Verdad y Vida y que, la única forma de llegar a la salvación es cumplir la voluntad del Padre, por dolorosa que sea. Y dolorosa fue para Él que, para salvarnos a nosotros tuvo que padecer, ser abandonado de sus amigos, traicionado por ellos y prendido por aquellos que, como sus padres, no supieron reconocer la palabra de Dios. Cartagena nos muestra el doloroso paso de Cristo de ser el Maestro a ser el Cordero al que llevan atado al altar del sacrificio. Y allí, en San Antolín, Cristo es vejado y humillado, coronado de espinas, vestido de púrpura y con una caña por cetro. En el caravaqueño balcón, el Señor se nos muestra sereno aunque dolorido, dispuesto aun así a morir y entregarse por nosotros y, todavía, presto a sostenernos en nuestras fatigas.

San Pedro, Santa Catalina, San Bartolomé, el Romea, Santo Domingo. Itinerario del camino de Jesús a la Muerte, convirtiéndose Trapería en Calle de la Amargura antes de llegar a la Cruz bajo el Campanario. Por allí camina Cristo, el Señor de la Caida en pié, avanzando desde Lorquí hasta Belluga para bendecirnos a todos por los méritos de su padecimiento. De cerca le siguen aquellos que no lo abandonaron nunca, San Juan, afligido en su juventud, abrumado de tantas penurias, mas siempre dipuesto a caritativamente sostener a la Madre de Jesús, María transida de Dolor, a cuyo paso nadie queda indiferente. Toda Murcia se pone en pié para ver pasar a la Señora de la Pasión Huertana, a la que, durante siglos, ha presidido las alegrías y penurias de nobles y huertanos. El dolor radiante, la hermosura afligida, la rosa del calvario y primer rayo del Viernes Santo, la Dolorosa.

"Se rebajó hasta someterse a la Muerte, y una Muerte de Cruz" Y, en la Plaza de la Cruz, Cristo se humilla, se hace pequeño, se convierte en Cristico de Yecla adorando el madero que a Él le dará Muerte y a nosotros Vida.

Y Belluga se convierte en Calvario, donde Cristo da la Vida, salvándonos por su Cruz, y su Muerte es Salud, Vida y Consuelo. Salud de nuestras almas, que encuentran en Murcia descanso de sus pesares al mirar en San Juan de Dios la tranquilidad con que Cristo se entrega. Vida que nace de la Muerte pues, muriendo el que es la Vida, viven los que estaban atrapados por la Muerte. Cumple así en la Cruz la promesa de entrega hecha con el vino en la cena, y no podía ser otra que la tierra del vino la que nos mostrara tan magno misterio. Y es Cieza la que nos muestra la Cruz radiante, convertida en signo de triunfo al morir en ella el Consuelo dulce del Corazón, la Grata Esperanza del que lo invoca, la Prenda Segura de Salvación.

Y es allí, en ese calvario, donde Salzillo nos vuelve a mostrar el dolor de María. Ahora no está sola, pues en su regazo yace el fruto de sus entrañas, durmiendo tan plácidamente como aquella noche en belén, ambas sabiendo que cumplía con la voluntad del Padre. Mas, para Ella, no es lo mismo. Aquella noche, en Belén, veía el cumplimiento de la promesa hecha por el ángel, esa noche, en Jerusalén, ve cumplida la profecía de Simeón, traspasándose su alma por una espada de dolor.

Ya entrada la noche, quienes en vida del Maestro no tuvieron valor de mostrarse como discípulos suyos, con gesto de impotencia, se apiadan de la pobre María y de su difunto hijo y recogen el cuerpo para llevarlo a sepultar. Con las miradas perdidas mientras lo depositan en la fria losa, José de Arimatea y Nicodemo piensan en si podrían haber cambiado algo de todo lo ocurrido si hubieran sido valientes de confesar su fe en el Mesías. María Magdalena limpia de nuevo con sus lágrimas los pies del Maestro, ungiéndolo, como en Betania, con el perfume de su amor, anhelando en lo más hondo de su ser que se cumpliera aquello que en vida dijo. Y María. González Moreno nos la muestra dándole la Espalda al mundo exterior, casi cayendo desmayada, buscando nuestro apoyo con una mano mientras, con la otra, busca por última vez una caricia de su Niño. Frente a ella, sobrepasado por la situación, el joven San Juan se siente descolocado, sostiene un brazo de aquel a quien siguió incondicionalmente, de aquel sobre cuyo regazo se recostó. Él les había dado promesas de Vida Eterna y ha muerto ¿Qué hacer? Al mismo tiempo, en su juventud no es capaz de consolar a María, cuyo cuidado le había encargado Cristo. ¡Cuanto dolor e impotencia en una sola mirada!

De regreso a San Antolín, el aroma a alhelíes santomeranos nos recuerda que la Muerte no es el Final y que Cristo, encerrado en el Sagrario del Sepulcro, aguarda paciente a  y que, aunque María llore en Soledad, vestida de luto, también va ataviada de gloria pues, tras ella, el Ángel nos anuncia la Buena Noticia. El Madero transmutado en claveles se alza victorioso para pregonarnos sobre el sepulcro que Cristo ha vencido a la Muerte, que la oscuridad de la noche da paso al brillante sol de la Nueva Mañana y Cristo, nuevo amanecer, nos es mostrado por Planes dejando el sepulcro vacío, derribando a los terrenales poderes y ensalzado por los celestiales.

Y así, en Noviembre, Murcia, Jerusalén Huertana, nos vuelve a anunciar que Cristo Murió por nuestros pecados y de ellos, por su Santa Cruz y su Gloriosa Resurreccióin, hemos sido Salvados.




SALVADOS POR LA CRUZ DE CRISTO

#MAGNAMURCIA


viernes, 17 de noviembre de 2017

#MAGNAMURCIA - ENCUENTRO EN LA VIA DOLOROSA

Después de las históricas horas cofrades que vivimos el pasado 11 de noviembre en que Murcia adelantó marzo al otoño, son cientos de recuerdos los que quedan de esos días. Hoy os traemos uno de esos momentos.

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Al filo de las cuatro y media de la tarde, con el crepúsculo otoñal en ciernes, la murciana plaza de San Agustín bullía de expectación ante los históricos momentos que allí se iban a vivir. Todo era bullicio, todo ansiedad. El público buscaba un buen sitio para ser testigos de ello, los fotógrafos se apelotonaban ante la puerta de la Privativa de Jesús para inmortalizar el instante, los músicos afinaban, los auroros aclaraban sus voces, los penitentes comenzaban a formar. Mas, de repente, todo sonido se acalló, el silencio de la historia calló cual pesada manta sobre todo el lugar al tañer de una campana que anunciaba que la hora había llegado. Esa campana fue la que, con su claro tañido, transmutó noviembre en marzo, convirtió el atardecer en aurora, transformó el sábado en Viernes. Ya no era un extraordinario sábado cofrade, era Viernes Santo, y la Iglesia de Jesús se convertía de nuevo en pretorio desde el cual Cristo partía con su Cruz a Cuestas.

No era, sin embargo, el habitual nazareno, testigo inmortal del paso de los siglos en la murciana capital, sino uno tallado por aquel a quien Murcia ha rendido sus más altos honores. Jesús Nazareno de Lorquí salía al son del Himno Nacional, sin apenas desentonar con el entorno. Pareciera que siempre hubiera salido bajo ese arco. Y, en verdad, siempre lo ha hecho, pues no era otro que Jesús de la Caida antes de caer. Todos los allí presentes conteníamos el aliento, pues el más leve susurro hubiera valido para romper el encantamiento. Era Viernes Santo y Jesús caminaba hacia el Calvario de Belluga mas, antes de alejarse, giró sobre si mismo, mirando de nuevo las puertas por las que había salido, aguardando un reencuentro largo tiempo demorado. Quizás coincidieran en el taller del maestro, quizás, en los tristes años de la Guerra Fraticida, ambos se acercaron en silencio el uno al otro, mas el reencuentro fue el recuerdo de aquella mañana de Viernes en las cuestas de Jerusalén, en que una espada transió el alma de una Madre al mirar a su Hijo, camino de la Muerte.

El Nazareno se detiene, posan sus andas en el suelo y el silencio comienza a desvanecerse al elevarse el sonido de los latidos de los murcianos que, en verdad, revivían el alba de Viernes Santo. Latidos acompasados al redoble de una caja, anunciando el sonar del Himno Nacional, que adornaba la salida de quien no necesita nada, pues es belleza absoluta, en silencio o con música, con luz o a oscuras. Ahora si se rompe el silencio, pues el aplauso y los vítores no se pueden contener ante la aparición de la Señora de la Pasión Huertana, la que tantos poemas ha suscitado y un millon de palabras no bastarían para abarcarla al completo, la de las leyendas y la devoción, la Dolorosa. Cuentan que el primer rayo de sol de Viernes Santo aguarda a aparecer hasta que no ha aparecido ella, para ser el astro rey el primero en saludar a la Reina. Pues esa tarde, la escasa luz solar se condensó de nuevo para iluminar un rostro que brilla con luz propia.

Retorna el silencio. El publico deja de existir, Murcia parece oscurecerse y difuminarse. La plaza de San Agustín se transforma en el camino del calvario, se torna en calle de la amargura para ser marco del encuentro entre el Dolor y el Amor. Se detienen los pasos, se detiene el sonido y, por detenerse, se detiene hasta el tiempo. Lo único que no se detiene, es la mano del Cristo, que bendice a su Madre, despidiendose de ella hasta llegar al calvario. Suena "Hosanna in Excelsis" mientras Jesús Nazareno imparte su bendición a la Dolorosa. Calla la banda, el Nazareno comienza, ahora si, su penitencial camino, y los auroros, guardianes fieles de la tradición huertana, cantan las glorias de los Dolores de una Madre que trajo al Mundo la Salvación.

Cuando el cabo de andas de María, Virgen Coronada de los Dolores, da el golpe que marca el comienzo de su tranquilo caminar, Viernes Santo se desvanece, Murcia despierta de ese instante de sueño y comienza, ahora si, una de las jornadas para la historia de la Semana Santa de la Región y de la Ciudad de Murcia.


 

domingo, 29 de octubre de 2017

ROSARIUM, SCALA COELI

Octubre siempre termina en Domingo. Octubre termina cuando termina el Rosario. Octubre termina cuando suena la campana del trono de la Virgen de Gracia y Esperanza y reposa en su casa de hermandad. Pero octubre siempre esta a la vuelta de la esquina, cada mañana que nos acordamos de nuestra Madre, es octubre.

El año pasado, cuando hablábamos del Rosario de la Aurora, decíamos que en cada rosario, ocurre un milagro. Este año he de matizar esta afirmación. El propio Rosario es un milagro. María, siempre humilde y atenta, sale a buscarnos a la calle. Sale temprano, pues tiene prisa por encontrarnos. Para Ella nosotros somos su prima Isabel, a quien fue a visitar corriendo cuando supo de su embarazo en el anuncio del Ángel. Para Ella somos su Hijo perdído en el templo, y en verdad estamos perdidos sin Ella, y viene corriendo a buscarnos, para alejarnos de todo mal antes de que sea irremediable, aunque para Ella todo es posible, pues por el dolor que Simeón le profetizó, el Hijo que trajo al mundo en Belén le otorgó el poder de interceder por nosotros, sus hijos, ante su Hijo que, como buen hijo, hace caso de todo cuanto su Madre le pide.

Y, cuando nos encuentra, se recrea, y siempre nos parece poco el tiempo que se queda entre nosotros. Y quisieramos cerrar las puertas de la parroquia para que no se fuera. Pero ella, Estrella de la Mañana, sale a iluminar las calles con su Consuelo para los Afligidos. Y, a través de Ella, nos vamos convirtiendo, pues las calles son el río jordán en esas frías mañanas. Y nos vuelve a repetir las palabras que dijo en Canaan: nos muestra a su Hijo, Cristo, y nos dice "Haced lo que Él os diga". Y el nos dice que anunciemos la Buena Nueva al mundo, y la buena nueva es que Cristo, vestido de Gloria, se ha quedado con nosotros en el bello Misterio de la Eucaristía. Por eso celebramos, tras rezar a María, la Santa Misa, pues María nos en seña el camino a su Hijo, y nos acompaña.

Ir al Rosario es un sacrificio. Pero un sacrificio que hacemos con gusto, pues amamos a nuestra Madre del Cielo tanto como a aquella que nos dió a Luz. Salimos temprano para experimentar la oscuridad de quien vive sin fe, el dolor de quien, como Cristo en Getsemaní, se ve abandonado de Dios. Es dificil levantarse tan temprano para caminar, pero si Cristo, flagelado y coronado de espinas, pudo cargar con la cruz y caminar, cómo no cargaremos nosotros con nuestra Reina y Madre y la llevaremos por las calles a oscuras. En la fría y temprana mañana, vestida aun de noche, igual que la Luna refleja los rayos del Sol, María resplandece iluminándonos con la luz de su Hijo, enseñándonos que, igual que tras la noche llega el día, tras la Muerte, llega la Resurrección. Y el verdadero milagro es que, el rosario no nos pesa, si no que relaja la Cruz de nuestras desdichas y nos acerca más a la Alegría del cielo, que Cristo abrió para nosotros al volver al Padre.

Como velas, María enciende nuestras almas con el fuego del Espíritu de su Hijo y nos enseña que, quien se humilla, es enaltecido por Dios, quien se acoge a Cristo, será llevado a su presencia en el día final y quien cree en el Señor y hace su voluntad reinará junto a Él en el Reino Eterno. Por eso, caminar con María en las auroras de octubre no es un mero ejercicio de tradición y devoción popular. Rezar el Rosario de la Aurora con la Esperanza de nuestros días, con la Llena de Gracia, es subir otro escalón más de la escalera que lleva al Cielo.


No podía terminar la crónica de los Rosarios de la Aurora 2017 sin dar gracias a la Real Cofradía de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, que muy merecido tienen el sobrenombre de "Hijos de María". Creo que no es casualidad que yo naciera el 18 de Diciembre, festividad de la Virgen de la Esperanza, ni que naciera en una familia tan ligada a la hermandad. Uno de los mejores recuerdos de mi infancia es aquel mes de mayo en que la Virgen de Gracia estuvo en casa de mis abuelos. También recuerdo con mucho cariño todos los rosarios a los que he ido desde bien pequeño. Tambien me llena de gozo haber podido participar en el triduo de la virgen, haber podido recitarle algun poema, tocarle su marcha al salir del convento para el rezo del rosario, y cantarle y gritarle vivas por la calle y en la iglesia. Cual no sería mi sorpresa y alegría al saber que este año una foto mía aunciaría los rosarios. En definitiva, gracias a los Hijos de María por saber cuidar tanto de su bendita Madre y mantener constantes y sin vacilar esta bella tradición del Rosario de la Aurora.


ROSARIUM, SCALA COELI


domingo, 22 de octubre de 2017

BUEN SUCESO EN CUALQUIER LUGAR

¡Bendita la hora en que llegaste a nosotros! Bendita la hora en que Cieza te escogió por protectora. Ese fue el Buen Suceso, tenerte por Madre y Patrona. Por eso tu pueblo no duda en llevarte como estandarte allí donde va. Por eso, cuando la Asociación de la Salud de la ciudad de Murcia, con su Madre de Gracia y Buen Suceso llamó a tus hijos, ellos respondieron con un presto "si" a esa llamada.

"Nene, ¿Esa Virgen tan bonica cual es?" 

"Que preciosidad de Virgen" 

"Me encanta como llevais el paso en Cieza, que elegancia, que suavidad"

Así se desgranaban los murcianos en halagos al verte pasar. Y cuando nos preguntaban por ti, con una sonrisa respondíamos. Y cuando te echaban un piropo, nos sonrojabamos nosotros y te mirabamos enamorados, como siempre que te vemos te miramos. Y a pleno pulmón cantábamos tu himno, que por fin en la calle tras de ti sonaba, al salir de San Juan de Dios, al pasar por el Romea y el Casino, y antes de cerrar esa noche grandiosa en que, por fin, te vimos desfilar con la dulzura y elegancia que sólo un ciezano sabe aportar cuando suena Jerusalén, Solemnidad y Penitente Ciezano. Si a eso le sumamos tu rostro de Madre enamorada, era dificil contener las lágrimas, pues cada hebra de nuestro cuerpo vibraba con cada balanceo de las galas, con cada tintineo de las campanillas de tu arco floral.

Ya se rindió al Santo Cristo hace casi dos décadas, se rindió a la Virgen de Gracia hace dos años, se rendirá en 1 mes de nuevo al caminar grandioso de nuestro Señor del Consuelo, pero en nuestra memoria perdurará el día en que Murcia, por el 400 aniversario de la Orden Hospitalaria, se rindió a la Santísima Virgen del Buen Suceso Coronada, Patrona de la Muy Noble y Leal Villa de Cieza.

"Virgen del Buen Suceso,
yo te invoco cada día,
no te olvides Tú de mí
y, en la postrera agonía,
ven a darme, Madre mía,
la paz que espero de Tí."

BUEN SUCESO EN CUALQUIER LUGAR



martes, 17 de octubre de 2017

NOS LLAMAN FRIKIS

Bien sabido es para todos nosotros, cofrades, semanasanteros, amantes de la tradición y el arte, defensores a ultranza de aquello que nos hace ser como somos, que no son pocos los que nos ven como un grupo obsoleto, anclado en el pasado, obsesionado con una fiesta que poco tiene de actual y, según algunos, de popular. Poco menos que una carga en esta sociedad tan globalizada y centrada en la consecución del beneficio personal. Nada más lejos de la realidad.

Siguiendo con la linea de pensamiento que inició hace unas semanas mi buen amigo José María Cámara Salmerón con su artículo EL ADN COFRADE, quiero hoy desgranar lo que para mí significa ser cofrade, las características comunes que nos unen a todos los que participamos de esta bendita locura.

El cofrade es, por definición, aquel que, de una forma u otra, participa de la bella tradición, tan arraigada en las tierras de España, de sacar a Cristo en procesión por las calles, ya sea como andero (costalero, portapasos, horquillero, estante...) penitente, nazareno, portainsignias, acólito, florista, músico o desde la silla de esparto atada a una reja en la acera. Por lo tanto, cofrade es aquel que mantiene la tradición española de evangelizar por las calles, de mostrar lo bueno de la religión y la tradición de forma pública. Por tanto, un cofrade es un guardián de la tradición, manteniendo la idiosincrasia de su lugar de origen, aquello que nos hace ser como somos.

Como buenos amantes de la tradición, nos gusta buscar los origenes de todo lo que tiene que ver con nuestro pueblo y nuestra fiesta. Por eso, al cofrade que le preguntes te contará mil y una anecdotas históricas de su hermandad y las demás, te soltará de memoria una retahíla de fechas y nombres casi interminable, te dirá que no se quien salió con su hermandad o no se cuantos han rezado delante de su Cristo, todos ellos con los ojos llenos de lágrimas al verlo. Y así te contará cuales son las mejores obras de su pueblo, te hablará de escultores y estilos, te hablará de música, de compositores y épocas, de que a él le gustan más las clásicas o, por el contrario, se deshace con las nuevas obras. Te dirá que no puede escuchar "Pasa la Soledad" sin soltar una lágrima, o que es escuchar "Mater Mea" y darle un escalofrío, que no puede pasar por la Iglesia y no visitar al Cristo de la Agonía, o que mirar es imposible aguantarle la mirada al Ecce Homo mucho tiempo. Porque el cofrade sabe siempre algo de arte, de imaginería y de música, y entiende, más allá de características técnicas, la grandeza de las obras a través del sentimiento que transmiten. Por eso no podemos evitar, cada vez que vamos a un pueblo, buscar las iglesias y capillas, preguntar por las hermandades, aprender del patrimonio y las costumbres de cada sitio. Por eso, entre Pascua y Ramos, nuestro movil se mantiene en un perenne reproducir de marchas de Banda de Música, De AM, y/o de CCyTT, según los gustos de cada cual, porque amamos el arte cofrade, forma parte de nosotros y lo necesitamos para sentirnos completos.

Y no solo eso. El cofrade suele gustar de mantener vivas muchas de las tradiciones de su tierra, no solo las relacionadas con la Semana Santa. El cofrade muchas veces es folklórico, le gusta aprender y recrear la tradición de su tierra, a través de cantes y bailes, ya sean jotas, parrandas, malagueñas, sevillanas, fandangos, schotis o sardanas, le gusta alardear de costumbres y antigüedad, de lo bien que bailan sus grupos de Coros y Danzas, de todo lo que tenga que ver con la tradición y la costumbre popular y secular de su pueblo. Y perpetuarlas, las suyas y las de los demás. Sea de dónde sea, el cofrade suele mirar a Andalucía, por lo bien que vende su tradición. Suele gustar de cantar sevillanas, suele, en febrero, mirar a Cadiz, al Gran Teatro Falla, y aprenderse las mejores coplas de chirigotas, comparsas, cuartetos y coros de su Carnaval, y estremecerse cuando cantan una saeta, hablan de Semana Santa o meten la melodía de una marcha en los cuplés. Porque quien ama la tradición de su pueblo, ama toda la tradición y no sólo una parte.

Y aun nos dicen que si no nos cansamos de sacar procesiones, que si de verdad hay necesidad de organizar una en octubre o en noviembre. Si ya tenemos la Semana Santa, ¿por qué tenemos que hacer más fuera de eso? Ahora yo digo. El que es fan de un cantante, ¿no lo escucha a todas horas? ¿No empapela su habitación de posters y compra discos? ¿No busca la forma de ir a verlo cada vez que canta? Y al que le gusta el futbol, ¿No va todas las semanas que puede a ver un partido? ¿No sigue por la tele todos los que pueda? ¿No espera impaciente el telediario para enterarse de la actualidad? ¿No busca por youtube los mejores momentos de tal o cual partido? Igual, el cofrade, se pasa el año escuchando marchas, viendo videos de procesiones, buscando la forma de ver un paso en la calle en cualquier momento. Por eso aprovechamos cada ocasión, por eso nos encantan las procesiones de patrones y glorias, y sobre todo las procesiones extraordinarias. Por eso nos emocionamos cada vez que nos dicen que va a haber una, y buscamos cualquier excusa para hacerlas. Y que mejor excusa que la que tuvimos en Jumilla el pasado 23 de septiembre que el XXX Encuentro Nacional de Cofradías, o la que tendremos el 11 de Noviembre en Murcia con el III Encuentro Internacional de Cofradías.

Y si esto, como nos suelen decir, es estar anclado en el pasado, es sólo postureo, es ser, como a veces nos dicen, un friki. Pues si, señor, yo soy un friki, a mucha honra. Ahora te hago yo una pregunta: ¿Has sentido alguna vez algo de esto? ¿No puedes vivir sin alguna de estas cosas? Si te sientes identificado con alguna de estas cosas, enhorabuena, tu también eres un friki, tu también eres COFRADE.


Para ilustrar este artículo os dejamos el reportaje de la citada Procesión Extraordinaria 
"La Pasión en Jumilla"

LA PASIÓN EN JUMILLA


sábado, 7 de octubre de 2017

LA MIRADA DE UNA MADRE

El mejor y mayor piropo que se le puede decir a la Virgen es el de Madre. Ese fue el primer título que tuvo, el primero que recibió tras darle su "Si" al Señor. Su prima Isabel la llamó así la primera y los cristianos seguimos su ejemplo al encomendarnos a ella llamándola Madre del Salvador. Fue su primer y único trabajo, el que mejor desempeñó, aun con las dificultades que tuvo. Y cumplió con su obligación hasta el último instante, hasta el momento en que su propio Hijo le dió un cometido mayor, el de ser Madre de toda la Cristiandad, Madre de toda la Creación.

Ella nos acompaña, nos consuela, nos anima, nos sonrie, se enorgullece de nosotros cuando logramos nuestras metas y llora con nosotros en nuestros pesares y nos tiende la mano con la sonrisa que esconde el dolor de una Madre al ver a su hijo caido.

Una Madre nos dio el Señor, y mejor regalo no nos pudo hacer. Ese fue el Buen Suceso. Por eso nuestra Madre y Patrona es pequeña, para enseñarnos a ser humildes como María siempre fue; siempre en su lugar, sin vanagloriarse, presta a salir en auxilio de cuantos la necesitan. Por eso lleva en su mano al Señor, muy cerca del Corazón, para enseñarnos dónde debemos tener a Cristo si queremos gozar del Buen Suceso del Amor y la Felicidad. Por eso Dios la exaltó en Cuerpo y Alma, coronándola de estrellas, dándole el Cetro Maternal para que reinara, no como Soberana, sino como Madre. ¡Y que bien cumple ese cometido!

Durante su tríduo, la vi mirar orgullosa a sus hijos sacerdotes que la alababan como mejor sabían, por eso se hizo cercana y dejo su manto a disposición de nuestros pequeños, que también son hijos suyos, para abrazarlos a ellos también, y miró con alegría a esa madre que miraba risueña a su niña pasar por el manto, y miró con alegría a sus hijos ciezanos en la mañana de la romería, que madrugaron para llevarla y acompañarla sonrientes hasta su Celestial Mansión y rieron, cantaron, gritaron vivas y aplaudieron a su Madre sin decaer presas del cansancio o del calor. Y lloraron, con los ojos o con el corazón, o con ambos, al tener que abandonarla allá arriba en la Atalaya.

El mejor y más bello piropo que le podemos decir a la Virgen es el de Madre. Por eso, aquel que diga que esto es tan sólo un dogma, que exageramos al darle culto a Ella o que no es cristiano venerar a la más grande Mujer de toda la historia, no sabe lo que dice. Quien intenta ofenderla, ofende a todos sus hijos, quien intenta injuriarla, me ofende a mí, pues se bien que, cada vez que la miro a lo ojos, no veo un rostro bonito. Cada vez que, al visitarla, me acerco y la miro a los ojos, ellos me devuelven la mirada, la dulce Mirada de una Madre.


LA MIRADA DE UNA MADRE