sábado, 28 de marzo de 2015

EN EL RECUERDO... SÁBADO Y DOMINGO DE RESURECCIÓN

SÁBADO SANTO: Fuego en la madrugada, Gloria anticipada.

            La Soledad ha abandonado la Iglesia y se ha marchado a descansar, a velar a su hijo en la tranquilidad de la cochera. Ahora, desde la ermita de San Bartolomé, la cofradía de Ánimas sale en voto de silencio con sus hachones, sus túnicas de arpillera y sus verdugos acompañando a la Cruz hasta la repleta Plaza. La coral Ars Nova avanza abriendo camino con un Kyrie de Mozart. Kyrie Eleison. Al llegar a la puerta, a golpe de cruz se abren las dos hojas y un Cristo envuelto en llamas, desnudo y lleno de llagas, abrazado a una cruz no de muerte sino de salvación sale a abrir los Infiernos y a perdonar los pecados.
. La calle de la Hoz recibe en su seno al silencioso cortejo. Las rocas del muro reflejan la ígnea luz de los pebeteros y el poderoso incensario, el brasero oloroso inunda de humo el recorrido. La coral y la JOCI van acompañando la carrera, la suave música mistifica la solemne procesión. Entre rezos y recuerdos por los que ya partieron, la cera va impregnando las calles por última vez esta semana, marcando un recorrido de luz hacia el templo. La noche refresca y la luna ilumina con sus frios rayos la oscuridad de la plaza casi desierta. Las puertas se abren y Cristo entra. Cristo se alza y los demás caemos de rodillas. La JOCI y la Coral han acompañado esta entrada de forma maravillosa con la melodía de Signore delle Cime, un canto que se va perdiendo en una noche mágica.
            Cuando el sol comienza tímidamente a iluminar la bóveda celeste, llega un momento bueno, de descanso y relax. Un momento en el que unos pocos amigos nos vamos a desayunar ya hacer una valoración de una Semana Santa que ya se acaba.
            Después de una mañana de sueño, el bochorno del mediodía da paso a uan tarde de gloria y alegría infantil. Una procesión infantil como no hay otra en ningún lugar. El Ángel Triunfante abriendo, le siguen la Samaritana, la Traición de Judas, San Pedro, la Flagelación, Ntra. Sra. De la Esperanza en la Resurrección, Santa Verónica, Santa María Salomé, Santa María Magdalena, la Dolorosa, Jesús Resucitado, San Juan y la Virgen del Amor Hermoso. Con un jolgorio sin precedentes, en la atestada Esquina del Convento recordamos la Pasión, Muerte y Resurrección con una multitudinaria Cortesía. San Juan y la Virgen, últimos en la plaza, se saludan y prosiguen juntos su camino hacia el final de la procesión donde a los inocentes niños, al relevo de la Semana Santa, les espera un premio de tortas y chocolate. Una Semana Santa toca a su fin.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN: Primer Día, Última Mañana.

            La mañana se levanta despejada, parece dispuesta a dejarnos disfrutar de un último día que el pasado año nos negó. Cristo ha resucitado y el sol nos lo anuncia desde un despejado cielo de vivo azul. En la Esquina del Convento se reúnen las bandas para acompañar a sus guiones hasta la Plaza Mayor. Con sus alegre melodías van despertando de su sueño de Pasión a una Cieza adormecida. Desde Juego de Bolos la Magdalena va bailando al son de “la Tuna Pasa”, y la campana de la ermita de San Bartolomé anuncia exaltada que ya sale la Virgen del Amor Hermoso.
            Una cruz con una guirnalda floral en manos de un Ángel blanco y celeste, el Ángel Triunfante abre la procesión anunciando que Dios ha resucitado. Y como una marea roja y blanca llega la hermandad del Resucitado, Jesús despierta triunfando sobre la muerte, un ángel sostiene la caída losa del sepulcro y Carrillo, autorretratado en el soldado, cae sobre los centros de lirios y rosas. Una sorprendida María Magdalena entra en la Esquina del Convento con el Ecce Homo, vestido ahora de verde, aparecido ante ella. Las Santas Mujeres se acercan al Sepulcro por la Calle Mesones para encontrar un vergel de gloria. También los Discípulos de Emaús samaritanos ven a Jesús. “Quédate junto a nosotros” le dicen mientras se eleva al Cielo en Ascensión, dejando a la Virgen del Amor Hermoso junto a Juan.
            Todos reunidos en torno a los estandartes comienzan la Cortesía. Reverencias, caramelos y flores se funden en un baile eterno. El Ángel Triunfante saluda a todos pregonando “¿Por qué buscáis entre los muertos al que Vive?”, para proseguir su recorrido. Jesús Resucitado saluda a su Madre entre pasodobles. Poco a poco van desalojando la plaza para seguir con la procesión. Solo quedan San Juan y la Virgen, que se saludan mutuamente y caminan de la mano hacia el fin del paseo.
            Con una traca celebran los Dormis, la llegada de su Ángel, con el himno se recoge el resucitado, seguido de la Aparición. María Magdalena continúa hasta su casa, perdiéndose en la calle cadenas. Al son del pasodoble que lleva su nombre, Santa María Salomé baila entre sus cofrades vestidos de negro. Su trono tallado en formas florales y su bello porte apenas precisan ornamentación. Los clavos se transmutan en rosas y la Corona de Espinas florece. María de Cleofás la sigue en su dorado trono. Jesús se aparece a los discípulos camino de Emaús en la calle Santo Cristo, en un camino amarillo samaritano; y en un monte verde verónico, asciende a los cielos.

            La florecida palma de San Juan baila al son de su pasodoble y con el Himno penetra por última vez en la cochera.
La Virgen del Amor Hermoso se va caminando a la placeta del Santo. La campana de la ermitica repica ansiosa en alegre tañido. El pasodoble “Virgen del Amor Hermoso” marca el fin de la Semana de Pasión, de esta Bendita Locura.



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Terminamos la cuaresma con una de las obras maestras de Gómez Villa, dedicada a la imagen que esta noche desfila en anticipación al Domingo de Ramos: El Cristo del Perdón.







"Convertíos y creed en el Evangelio (Marcos, 1,15)"

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viernes, 27 de marzo de 2015

EN EL RECUERDO... VIERNES SANTO

VIERNES SANTO: Del pretorio a la Cruz, de la Cruz al sepulcro.

            Son casi las nueve de la mañana y la fresca brisa borra los efectos de la falta de sueño. Las negras puertas de la cochera están abiertas y los albos sanjuanistas caminan ante la Sentencia. Desde el pretorio de la iglesia sale con la cruz a cuestas, escoltado por las multicolores plumas y los marciales andares de los “armaos”. Con sus túnicas negras cargan los nazarenos cruces al igual que su Señor, todos coronados de espinas.

            Tras de ti camina tu Madre del brazo de San Juan, en la calle de la amargura llora Ella. En la caída, Simón de Cirene te socorre mientras tus labios claman al cielo. La santa Verónica enjuga tu rostro en un paño, tu Santa Faz resta en su mantel. En el calvario tienes sed y en la cruz vinagre te ofrecen. Y en ella mueres, entregas el espíritu a través del afligido rostro que Antonio Jesús Yuste nos regaló el año pasado. Una lanza atraviesa tu misericordioso costado mientras Longinos en el caballo te reconoce como Hijo de Dios, en medio del sacrosanto silencio del mediodía, de un mediodía eterno.
            Mientras la Magdalena llora, regando el camino de lágrimas, me encamino hacia la plaza, ya uniformado y armado con el oboe. Y cuando el sol ya hiere con sus rayos, el Santo Cristo sale vestido tan solo con un morado tonelete. Los blancos lirios y las rosas rojas alfombran su trono, rodean cariñosamente en un florido abrazo a los ángeles. Los penitentes, con túnicas y cruces, o solo con velones y descalzos te guían y te siguen, sufren tu inmenso dolor. El inclemente sol ya refulge en la Cruz del Santo Cristo, nuestro único consuelo ante el calor. Antes de abandonar el paseo, el sudor nos empapa y el cansancio se acrecienta. El hambre hace acto de presencia al llegar a la Plaza de España. Estamos deseosos de tocar “El Prendimiento”, pues eso significa que ya estamos llegando al fin del recorrido, que el trayecto de San Pedro muere ya.
            El dolor de María es ahora más grande que nunca. Cristo ha muerto y ya reposa en el altar mayor de la Asunción. El Santo Cristo del Consuelo ha bajado de la Cruz y su cuerpo muerto cuelga del retablo. La Dolorosa llora ante la puerta de la Cochera. Un viva, una campanada y un cornetín de órdenes de la OJE manda comenzar el himno. El banderín rinde honores a la Stma. Virgen de los Dolores quien se arrodilla para resguardarse en la Casa de los Santos.
Cristo ha muerto. El Viernes Santo, la Semana Santa ha llegado a su cenit.
La solemne tarde del día de la muerte se tiñe de alegría, los Dormis llevan a cabo su tradicional traslado. El Santo Sepulcro, la Cama de Cristo baila al son de los pasodobles Ciezanos.

            Es desarmante la alegría y la devoción con que los Dormis llevan a su Cama. Nunca se ha visto a un Santo Sepulcro bailar con esa alegría. Solo en Cieza estas bellas cosas pasan. La luz dorada del sol se refleja en las alas de los ángeles dándole un matiz místico al traslado.
            Un terciopelo azul tapiza el cielo mientras el Cristo del Perdón sale de la Basílica. Un azul que pronto se convierte en luto. Cristo muerto sobre la Cruz abre la procesión del Santo Entierro. En la oscuridad de la calle San Pedro, Nicodemo se encarama a la cruz y pasa un sudario por los brazos del divino cuerpo. San Juan y José de Arimatéa reciben al Señor en sus brazos. María Salomé guarda clavos y corona al pie de la Cruz, junto a María, que solo guarda dolor y lágrimas. Su mirada perdida se arrodilla junto al madero con su hijo en brazos. La Piedad sale de la Iglesia. Capuz supo plasmar ese dolor tan intenso de María con tal sutileza que parece real la imagen. Mil emociones confluyen en ese rostro divino. Ntra. Sra. Del Mayor Dolor deja yacer al Divino Redentor a sus pies en el suelo para sentarse ella sola de nuevo, recostando su cabeza en el leño, y llora, llora en ríos de Amargura. La Virgen derrama su corazón roto con los lacrimales. María de Cleofás y María Magdalena, todas ellas en dolor, recogen a la Señora y la acompañan a velar al Hijo, mientras ven alejarse a José de Arimatéa con el cuerpo hecho pedazos hacia un sepulcro nuevo.
            El recorrido completo tras la Santa Cruz no agota esta noche, solo es un rezo más. Las bellas marchas vuelven a sonar a través de mis dedos, a través de las bandas cuyo trabajo es poco menos que indispensable para que la Semana Santa suene como debe. Su temperamental canto nos cuenta historias de pasión, de amor sobrehumano y de devoción. Santo Traslado, Solemnidad, Adoración, MEKTUB, Mater Mea… todas ellas diferentes y todas iguales. Solo son música, el más grande rezo al Dios del Cielo, a un Dios que murió por nosotros.
De nuevo “el Prendimiento”, por última vez su marcial solo se funde con la dolorosa luz de las tulipas. La cruz se guarda en la sobrecogedora atmósfera que conforman las bóvedas de la Asunción. Tras ella, escoltada marcialmente, levita la Cama de Cristo. Un luminoso sepulcro, obra maestra de Carrillo, viene guardado por los Armaos. Al llegar a Diego Tortosa, la Virgen de Gracia y Esperanza mira por última vez a su Hijo. La Cama de Cristo se mece ante su Madre, ante una Esperanza que llora y deja una rosa antes que la losa se corra rotundamente.
  
Santa María Salomé guarda consigo los clavos y las espinas que han sacado sangre y dolor al Cristo, al Señor. Su hijo, el joven San Juan, desconcertado conforta a una doliente Virgen, vestida de luto y Soledad.
María Stma. de la Soledad, desamparada y atravesada por el dolor, velada por sus dolientes lloronas camina lentamente hasta la Basílica. El “Canon en Re Mayor” de Pachebel aporta solemnidad al silencio que reina en la Plaza a oscuras. Solo la velada luz de la Soledad que camina al interior del recinto ilumina nuestro dolor y, al son del Himno Nacional, María reposa en el Suelo del Templo. La tierra ha temblado y se ha calmado. Dios ha muerto.



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Por fin es Viernes de Dolores!!!! Hoy la Dolorosa de Cieza del Maestro García Alcazar.







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jueves, 26 de marzo de 2015

EN EL RECUERDO...JUEVES SANTO

JUEVES SANTO: Solemnidad y Silencio.

            Cuando el día empieza a menguar y la tarde florece, comienza en plenitud el cenit de la Semana Santa. Jueves Santo. Como buen cristiano, me dirijo a participar de los Oficios, la Celebración de la Cena del Señor; aunque este año la vivo de una forma especial, como “organista” en el Convento, acompañado de un coro compuesto por familia y feligreses de San Joaquín. Entre incienso y música transcurre la Eucaristía más importante de todo el año. Cuando el silencio que sigue a la procesión hasta el Monumento ya reina, recojo mis papeles y partituras y me dirijo hacia la calle Diego Tortosa. Ya armado con mi cámara, veo pasar las más de cincuenta filas de manolas que acompañan a la bella imagen de las claras, la Virgen de Gracia y Esperanza.

Las calles están este año mucho más llenas de ansiosos espectadores que en pasados años, los flashes se ven en más esquinas y en más cantidad, sin embargo, el delicado caminar de los tronos, el sutil mecer del palio de la Virgen de Gracia no cambian. Mientras se acerca hacia la calle del Barco, las manolas ya se encuadran perfilando la entrada a su casa. En la calle Diego Tortosa no cabe un suspiro, con Caridad del Guadalquivir se acerca María a su Cruz Guía y su estandarte. EL trono se arrodilla y lentamente va penetrando en la casa de su hermandad. Con un poema, Ntra. Sra. De Gracia y Esperanza se despide  un Jueves Santo más de sus hijos, los Hijos de María.
Son casi las doce de la noche, el Viernes Santo está a punto de comenzar, mas no todo es tranquilidad. La Iglesia de la Asunción tiene a sus puertas una multitud impaciente, sus paredes albergan un bullicio de miradas que confluyen en la marmórea capilla donde nace un bosque de cipreses negros, una cordillera de capuces en torno a una cruz plana que sostiene a un Cristo agonizante. Desde el ambón, d. Antonio Muñoz nos invita al silencio, a la oración ante el Monumento, el altar donde Jesús reposa esta noche. Solo la luz de esta capilla perdurará hasta que el Cristo vuelva.
Súbitamente, toda luz se apaga al tiempo que las campanas de las doce llaman al Silencio. Se abren las puertas y el pendón de la Agonía brota junta a un río de negros nazarenos. La única luz de los cirios luce, pues las estrellas no son más que las velas de aquellos que partieron. La luna, María, desde el cielo ve clamar a su hijo. La morada luz del trono abre camino mientras el adagio y el sordo redoble del tambor retumban en las paredes hacia una plaza plena de anhelantes espectadores. El Silencio a comenzado.

            El lento desfilar de Nuestro Señor se recrea en el saludo a las Monjas Claras mientras la noche se rompe en la garganta de un saetero. Yo también quise esa noche elevar mi oración al cielo. Primero desde el órgano del Convento, mientras el Adagio de Albinoni, Signore delle Cime, y Air de Bach sonaban tanto fuera como dentro del templo. Mientras la efigie que la mano experta de González Moreno talló guiada por el Espíritu avanza, corales y poetas le cantan y le rezan. Yo, en la misteriosa calle del barco quise sumar mi voz a la de ellos abriendo mis labios en un arrebato de fe y devoción.
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Soneto a Jesús Crucificado

            Luna y Cristo, Madre e Hijo se encuentran en el trayecto de la hoz. La noche se cierra mientras suena Air de Bach y el Cristo de la Agonía flota sobre un camino de cirios y arrodillados nazarenos. La música no se calla ni las luces del pueblo brillan hasta que el pequeño trono que recrea el calvario del excelso Crucificado no apaga sus faroles. Este es otro de esos momentos de la Semana Santa que me sacan lágrimas, el momento en que la tenue luz del Cristo rompe la oscuridad aterciopelada que oculta a la Virgen de la Piedad. El Cristo de la Agonía descansa ya en el misterioso silencio de su capilla, en sus fríos y sepulcrales mármoles aguardando un nuevo Jueves Santo. Pocas horas restan para que el sol salga, para que la aurora nos sorprenda con un nuevo Viernes Santo.


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3 días!!!!! Hoy la Cortesia de Gómez Villa.







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miércoles, 25 de marzo de 2015

EN EL RECUERDO... MIERCOLES SANTO

Volvemos la vista hoy hacia el Miercoles Santo, uno de mis días predilectos en Cieza.

MIERCOLES SANTO: Alegría y Pasión

            La tarde del Miércoles Santo es sin duda uno de mis momentos favoritos de la Semana Santa. Cuando el sol del mediodía todavía está en alto, los tercios infantiles de los Dormis, la Samaritana y el Judas comienzan a desfilar. Es desarmante ver con qué alegría los niños cargan con los pequeños pasos, cómo ríen y se lanzan caramelos mientras avanzan hacia el paseo.
  
            Y desde los Ejíos, con el incomparable e inconfundible fondo de la Atalaya, el Castillo y la Huerta del Segura a sus pies, un rio blanco nace. San Juan comienza su traslado. La Traída de los Santos, una hermosísima tradición ciezana, se recrea bajo los árboles del Paseo mientras los sanjuanistas cantan:
San Juan, San Juan se va a caer
San Rafael lo va a coger.
Su alegre paso lleva en pos
Rosas de abril, nostalgias de pasión.
(Himno de San Juan)

            Con las últimas luces que despide el sol antes de esconderse tras la Atalaya resplandeciendo en su juvenil rostro, el amado Apóstol entra en la Iglesia.
            Como un nuevo Segura, nace a esta hora de la tarde un torrente de sentimiento Magdaleno desde la calle Juego de Bolos. Los pasodobles resuenan, los zapatos rechinan con el caramelo y la cera adherida a los suelos.
  
             “La Tuna Pasa” baila a la Magdalena mientras mece su rizada y cobriza melena. Se va acercando a la Cochera y, al igual que los Santos Juanes, crea su propia cortesía con las dos Santas, la grande y la pequeña. Una vez entra en la cochera Santa María Magdalena, todos vamos corriendo a nuestras respectivas casas a prepararnos para la Procesión General.
            Suena “Mater Mea”, la Samaritana ya abre la procesión. Le siguen la Unción en Betania, el Prendimiento, San Pedro y la Coronación de Espinas, escoltada siempre por los marciales armaos. La verónica vuelve a enjugar el rostro de Cristo con el ondeante paño, el del Ecce Homo que la precede. Ha llegado la hora para mí. Dejo la cámara y cojo el oboe, mi fiel compañero con el que tantas noches de procesión he compartido. Veo pasar el noble Cristo del Perdón y, cuando la Magdalena enfila ya la Calle del Cid una fila inmensa de rojos nazarenos se agolpa bajo el humo de los incensarios. Una luz de rojo intensísimo tiñe de dolor y consuelo el añejo arco de la puerta y, al son del Himno de España, sale el Santo Cristo del Consuelo.
El desorden de los primeros instantes, marcado por las típicas preguntas << ¿Las filas de cuantos?, ¿Qué marcha va?>> se corrigen en pos del paso que una caja marca contra viento y marea. Se desliza la Cruz de un Cristo, casi rozando las fachadas de la calle del Cid. Las galas se mecen majestuosas con cada paso, al igual que oscilan con fuerza las borlas de los cordones que sostienen el madero. Ahora, en el silencio que reina durante estos momentos, el Himno vuelve a estallar tras de nosotros: la Dolorosa sale presidiendo, siguiendo a su hijo muerto, al Consuelo.
Si puede ser un tanto imprecisa como corta mi experiencia como andero, cinco años al servicio de la música escoltando al Santo Cristo me otorgan una visión más amplia de lo que significa ser músico en Semana Santa. Siempre hay cierto grado de revuelo, preguntas sobre qué marcha va, cuánto nos queda o sobre cualquier aspecto de los desfiles; nos ayudamos unos a otros a cambiar las partituras, a calmar la sed. Bromas y conversaciones tanto banales como profundas se dan a lo largo de las filas de la banda. La compasión aflora junto con una sonrisa de compañerismo cuando a cualquiera se le caen los papeles, a fin de cuentas, a todos nos ha pasado alguna vez. También están las críticas y las quejas de los compañeros más ateos, quienes solo desfilan por trabajo. Sin embargo, hasta ellos “se ponen firmes” cuando tocamos algunas marchas que, musicalmente hablando, reverencian. “La Cruz de Doble Brazo” es una de ellas. Por mucho que la escuche, es incomparable a la sensación de tocarla en todos los sentidos, como siempre, en el trayecto de la calle larga a la Esquina del Convento. Tanto es que siempre llego al borde de las lágrimas. Al menos unos segundos después de que sus notas desaparezcan, se crea un clima de quietud, mientras su magia se disuelve. Después vuelve el familiar revuelo, pero siempre manteniendo la profesionalidad del músico, siempre respetando hasta la última ligadura, hasta el más insignificante matiz.
Sin embargo, cuando la calle Mesones desaparece bajo nuestros pies y la calle cadenas se presenta ante nuestros cansados ojos, el agotamiento se acrecienta. Es hora de alentarnos unos a otros con el típico “venga, que ya falta poco”
Al doblar Diego Tortosa, cuando el campanario asoma entre los edificios, la voz de nuestro director se levanta para indicar una marcha que nosotros ya sabíamos que iba a poner. Quizás, sea su composición predilecta; quizás le guste ponerla la última como un sello personal, como una firma propia; o quizás solo crea que el marcial solo de trompeta sea la melodía perfecta para que el Santo Cristo se meza frente a la puerta de la Iglesia. De cualquier forma, este año no podía ser menos, el Prendimiento de Fco García Alcázar es la elegida para cerrar nuestra actuación mientras el Santo Cristo se acerca paso a paso y se recrea en la Plaza Mayor, en un silencio sepulcral. Al son del Himno Nacional que resuena de nuevo, el Cristo del Consuelo vuelve a la Basílica. La Dolorosa ya aparece siguiendo la estela morada de sus cofrades, como si fueran gotas de la sangre de su Hijo. Rápidamente he cambiado música por fotografía para despedir e inmortalizar como se merece a la Madre del Miércoles Santo.



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Solo cuatro días para el tan ansiado Domingo de Ramos. Empecemos la tarde con un poco de música cofrade. Adoración de Miguel Pascual.







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martes, 24 de marzo de 2015

EN EL RECUERDO...MARTES SANTO

En este lluvioso día, echamos la vista atrás para recordar el pasado Martes Santo.

MARTES SANTO: ¡¿A Quién Buscáis?!

Es Martes Santo, los “Armaos” ya buscan al Nazareno. Antes del mediodía está todo listo: las flores clavadas, la mesa puesta, los olivos plantados. La hora llega y el escenario se ilumina ante la atestada plaza. El alcalde toma la palabra, por unanimidad, el ayuntamiento otorga la máxima distinción a nuestra JHP centenaria: el Escudo de Oro de la Ciudad.
            Suenan los clarines:
-          ¡Pueblo de Cieza, acude a la llamada!
-          ¡Es la Convocatoria, es la convocatoria!
-          ¡Pueblo de Jerusalén, acude al Prendimiento de Jesús, el Nazareno!
-          Silencio, escuchad, silencio, silencio…
Jesús, a hombros de los hijos de María, parte el pan y el vino, lava los pies a sus apóstoles y anuncia la traición. Caminan a Getsemaní, funestos presagios da Cristo quien, momentos después, suda sangre mientras un ángel le conforta bajo un olivo, mientras sus amigos duermen. “Aquel a quien yo besare, ese es, prendedlo.” Con un beso, Judas traiciona al Hijo del Hombre y Jesús, lejos de resistirse da una lección de misericordia a Pedro y, sabiendo que llegó la hora, espera paciente al tropel que con antorchas y palos viene a prenderlo. Retumban los tambores en la Hoz y los “Armaos” aparecen tras un destello formados frente a la fachada de la Asunción.

-          Salió Jesús a su encuentro y le dijo:
-          ¿A Quién Buscáis?
-          A Jesús, el Nazareno.
-          Yo soy.
Un redoble prolongado, se apagan las luces y el trono del Nazareno ilumina el arco al tiempo que los armaos caen de rodillas ante el Cristo.
-          ¿A quién buscáis?
-          A Jesús, el Nazareno.
-          Ya os he dicho que soy yo. (Otra reverencia)
-          ¿Para qué lo queréis?
-          Para prenderlo.
-          Aquí me tenéis, haced de mí lo que queráis.
Después del apasionado sermón de d. Antonio Muñoz y la tan afamada escena final, Jesús Nazareno sale escoltado y maniatado por los armaos hacia la calle del Cid. Es la hora de dejar la cámara y coger la túnica morada de andero del Nazareno. Una vez ataviado, a toda prisa bajo hasta el rincón de los pinos donde mi padre me espera con el resto del relevo, mi primer relevo.
Hay que ser andero para entender lo que se siente. El trono es un ser vivo cuya voluntad es difícil cambiar. SI no quiere coger el paso, habrá que pararlo y cogerlo bien, si se balancea hacia un costado, solo un titánico esfuerzo de las varas y su cabo podrán enderezarlo. Un reparto bueno de alturas es imprescindible para mitigar el peso del trono y el daño que este puede infligir a tus hombros y espalda. Mientras vas avanzando, te das cuenta de que casi nadie percibe que los anderos o incluso el trono están ahí, se funden en una imagen borrosa sobre la cual camina el Nazareno. El momento más grande de la noche llegó cuando hubo que pasar la tensión de la calle de la hoz y el paso ligero de la entrada a la plaza. Suena hermanos costaleros y el Nazareno entra en la Basílica con la cabeza gacha, prendido hacia el sanedrín.


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A tan solo cinco días del tan ansiado Domingo de Ramos, os traigo una marcha del maestro ciezano d.Francisco García Alcazar. La primera marcha de procesión que compuso mi director, dedicada a María Santísima de la Soledad. Para todos ustedes: La Soledad de Cieza.







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