domingo, 13 de mayo de 2018

ERES, FUENSANTA, EL CONSUELO

Desde que estudio en Murcia, he ido aprendiendo y haciendo mía la devoción que tienen los habitantes de esta huertana ciudad a su Patrona, la Virgen de la Fuensanta, ahora la llevo conmigo entre las estampas que guardo en la cartera y de cuando en cuando, mientras ha estado en la catedral, le he hecho una visitica. Aquello que comenzó como una casualidad, encontrarme con Ella por una coincidencia, pasó a ser respeto al ser Señora del lugar donde paso largas horas en mi rutina semanal, y, al final, he de reconocer que ha pasado a ser verdadera devoción. Tanto es que apenas vacilé a madrugar más de lo necesario, a coger el primer autobus que partía de Cieza para ir a acompañarla lo que pudiera en su romería.

Ya acercándome a la Catedral, comienzo a descubrir que, a pesar de lo dificil que es acompañarla en este día, a pesar de ser día laborable y lectivo, los murcianos madrugan contentos para ir a la misa de despedida de su Generala, la que lleva ya 91 años coronada. Tanto es que, desde la calle San Patricio, zaguán de la plaza de Belluga, se escuchan las murcianas voces de los devotos cantando su magnífico himno, que se escapan de las puertas catedralicias, abiertas de par en par, invitando a todos a entrar a la casa de Dios para honrar a su Santa Madre.


Suena el Himno Nacional en el órgano, lo toca la banda. La fresca mañana de abril recibe alegre a la Fuensanta. Aunque no tanto como lo está y estará en septiembre, la plaza del Cardenal Belluga está llena de murcianos que no pueden perderse esta cita. Muchos de ellos la acompañarán hasta el Carmen, donde las campanas repican alegres y melancólicas, recibiendo y despidiendo al mismo tiempo a la Señora de Murcia. Suena la Parranda, suena el Himno Nacional, acompañado del tronar de la pólvora; la Morenica se gira para despedirse de su Ciudad y encaminarse a su Santuario Bendito.

Que bella mañana, tranquila y despejada, perfecta para ir en romería. Los colegios detienen su rutina para verla pasar, camino de Algezares. La circulación en Ronda Sur se colapsa, porque Ella tiene que pasar, porque a Murcia se le detiene el corazón cuando su Generala se despide. ¡Cómo pueden decir que una vía va a separar Murcia en dos! Aunque la parte físicamente en dos, Murcia es indivisible, pues toda Murcia, desde el Progreso hasta Juan de Borbón está unida como los pétalos del caliz de la Rosa Mística que es la Fuensanta. Sus corazones, tan distintos en muchas cosas, son unánimes en el amor y devoción por su Patrona. Y eso... ¡Ni siquiera un muro puede cambiarlo! Aunque la hagan subir por otros derroteros, aunque visite a los murcianos de otras pedanías, Ella no hace distinción en su mirada, todos sus hijos valen lo mismo para su Corazón de Madre.


Algezares la recibe entre nubes de incienso y pétalos de flor, y vítores, y aclamaciones: "¡Hermosa, Hermosa!¡Manda agua!¡Manda agua!" Con esas voces tan huertanas y esa plegaria que todos compartimos en esta tierra de huertas y bancales que se deseca mientras otras tierras que tienen también a María Santísima por bandera se inundan. Pero nosotros, los Murcianos, sabemos bien en quién ponemos nuestra confianza, ella, que es Fuente Santa, nos dará el agua a su debido tiempo.

Repican ya a lo lejos las campanas del Santuario, pronta está la hora de la despedida. Afronta sin vacilar las siete cuestas, va pasando ante los mosaicos que representan los misterios del Santo Rosario mientras un rosario de corazones la lleva en volandas, recitando las letanias de sus corazones, gritándoles Vivas y Salves. Ahora es cuando Ella vacila, y se vuelve a mirar el camino, esperando poder recorrerlo en pocos meses, haciendo gala de ese título que su himno le otorga, calmando nuestras ansias de volverla a ver. Septiembre está cerca. Ese giro antes de entrar a la piadosa sombra de su templo es la confirmación de ese verso al que me refería: "Eres, Fuensanta el CONSUELO".




ERES, FUENSANTA, EL CONSUELO

domingo, 6 de mayo de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN: EL CONSUELO

23 de abril. Todo es calma. Cieza parece que ya se recupera, que se adormece, hundiéndose de nuevo en su sueño anual. Para los insomnes impacientes e impertérritos cofrades, que no podemos si no pensar en lo que ya hace un mes que pasó y para lo que tendremos que esperar 356 días, este día es el alivio de nuestra tristeza, pues llega la hora de revivir la tradición más añeja de cuantas se mantienen en nuestra Cieza. Mañana es 24 de abril, una fecha que no pasa desapercibida, porque en ese día, lejos del mundanal ruido, ajenos a la espectación festera de Moros y Cristianos, nos refugiaremos en las naves basilicales de la Asunción y, en el sudario del Cristo, encontraremos el Consuelo. Mañana comienza el Novenario al Santo Cristo del Consuelo.
Mañana la iglesia se llenará como casi nunca se llena en día de semana, mañana rezaremos el rosario, recorreremos con nuestra Madre el camino de Salvación a través de los misterios. Mañana escucharemos al Cristo hablarnos desde la Cruz, en las meditaciones de cada día en la novena. Mañana cantaremos esos ancestrales sones, saludando a cada una de las Sacratísimas Llagas de todo el Divino Cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo. Cantaremos a aquel que, con su poder soberano, aleja del Alma el duelo y nos gloriaremos en cantarle durante 9 días y uno más "Cristo Bendito, Gloria de Cieza." Mañana comienza el Novenario al Santísimo Cristo del Consuelo, Gloria del Pueblo Ciezano.

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Tantísimos recuerdos en esta época, en esta basilica, las penitencias que había que hacer para subir y bajar al Cristo del Camarín... Así comenzaba el predicador sus 9 homilías, su particular penitencia por y para el Santo Cristo.
Y es verdad, 24 de abril es siempre un día de recuerdos y reencuentros. De reencuentro con nuestro Cristo, con la iglesia, con la familia. Reencuentro con el coro, con las llagas, con la oración. Reencuentro con nuestra niñez y nuestra memoria. Y recuerdos. Recuerdo de las llagas, que parecían olvidadas y la mente milagrosamente nos las rescata para cantarlas al mirar a nuestro Cristo. Recuerdo de aquellos que un día cantaron junto a nosotros y hoy ya no están, ya no cantan en la tierra, si no que están acogidos en el camarín del cielo, prendidos como una puntada de oro al tonelete que viste nuestro Gloria de Cieza en los Cielos. Recuerdo del poder de convocatoria de nuestro Misterioso Imán. Recuerdo y manifestación del poder del Consuelo Dulce de nuestro corazón, que todo nos lo concede. El novenario es momento de reencontrarnos con nuestro Cristo Bendito y de guardar nuevos recuerdos para que, en nuestro camino hacia la santidad, nuestro Faro Luminoso nos guíe y acompañe siempre.

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Las novenas son para llorar. Para llorar rezando por aquellos que ya se fueron, recordando cuánto amaron (abiertamente o en silencio) al Santo Cristo. La viuda llora por su marido, que nunca lo dijo en voz alta, pero siempre sacaba un ratito para ir en secreto a la ermita a pedirle por sus hijos, por su trabajo, por su mujer... por tantas cosas. Los hijos por sus padres, que les enseñaron que, en Cieza, la Santidad es fácil de alcanzar, sólo hay que subir a la ermita (o ir a la iglesia) a hacerle una visita. Y la santidad, algo tan difícil de alcanzar sólos, nuestro Rey nos lo pone al alcance de la mano. Y también lloramos por nosotros, porque la vida se hace muy difícil y llegamos tristes a la iglesia, quejándonos de nuestro trabajo, de nuestros hermanos, de nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestra familia... De tantas cosas que nos agobian. Sobre todo aquellos que vienen en silla de ruedas, o con dificultad, porque la vejez y la enfermedad casi les impiden llegar. Pero si el novenario es tiempo de llorar, cuando salimos las lágrimas ya no son necesarias. Por algo a Cristo en Cieza lo llamamos Consuelo.
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Olor a rosas en una tarde de abril. Aroma divino que inunda la calle san Pedro desde la puerta de la iglesia. Pues, como dice el poema, "Guardo una rosa, que es mi Consuelo, ¡Tu devoción!". Y es que ese olor a rosas, entremezclado con el perfume del incienso, que anega toda la iglesia, es la demostración mas eficaz de la devoción que Cieza tiene por su Cristo. Esas rosas, donadas por sus devotos, adornan el altar y perfuman el pueblo entero, como lo harán el próximo día de la cruz, cuando se desgranen como lágrimas sobre su sagrada Imagen. Desde que se abre la iglesia, atraídos por el perfume de las rosas que delata su presencia, los Ciezanos van acudiendo a rezar a su Cristo, algunos pasan a saludarlo y siguen sus quehaceres vespertinos, otros se quedan allí, guardando ya el sitio para escuchar los antiquísimos rezos del Novenario, que cuenta ya con más de dos siglos de historia. Siempre abril, siempre rosas, siempre Cieza.

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Quien difícil es venir todos los días junto a ti. El novenario se convierte en viacrucis. Son muchos nuestros quehaceres, nuestros deberes, que nos mantienen ocupados, robandonos la oportunidad de pasar junto a ti a cantarte, a rezarte, a adorarte, Rey de loa Corazones. También son muchas las tentaciones, la comodidad de dedicarnos a otras cosas más placenteras que ir a la iglesia. Pero nunca estas cosas pesan lo suficiente, pues nuestro alma no quiere más gloria que enterrarse en tu costado, que curar su humillación en la llaga de tu diestra y recuperar la corona de la vida de tu mano herida. Cuesta venir, pero Tu lo haces fácil, Santo Cristo del Consuelo.

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Decíamos el primer día que el novenario es momento de recordar. La novena es un rezo que se remonta a siglos atrás, a 1806 en concreto. Las llagas, los fervorosos cantos que saludan a las Sacratísimas Llagas del Consuelo y nos invitan a meditar en tus divinos dolores se crean en torno a 1880. Desde entonces, muchos son los devotos tuyos que te las han cantado, y muchos los nombres de los directores olvidados. Hoy quiero recordar dos nombres, dos almas que ya cantan tus Gozos junto a ti en el Camarín del Cielo, el uno, con su voz de bajo, canta vestido de elegante luto de viernes santo, la otra, vestida del rojo de tus toneletes, dirige con sus pequeñas manos a los cantores. Guardalos junto a tu Cruz, Señor, y haz que disfruten de las rosas de tu día, que sean para ellos, que siempre te las ofrendaron, en forma de cantos, en tu novenario.

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No hay fiesta ni distracción que pueda alejarnos de la iglesia en estos nueve días. El Cristo nos mueve, nos llama, nos atrae haciendo gala de su título de Misterioso Imán. Aunque hayan desfiles, momentos más lujosos y llamativos, el Ciezano necesita de su principal devoción, necesita venir a rezarle, a cantarle sus alegrías y contarle todas sus penas y agobios. Por eso, en estos últimos 9 días de estancia en la Basílica, no pueden ni quieren faltar a su cita, para demostrarle que, en gozos como en lamentos, de Cieza entera los pensamientos son para Él. Ya hemos pasado el ecuador de la novena, está cercana su partida y aguardamos ansiosos ese momento para cantarle su himno a voz en grito... Y para llorar ante la reja de su ermita, esperando un nuevo Domingo de Ramos.

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Estamos a 30 del cumplido abril, mañana entra mayo, florido y feliz. Así rezan los mayos a la Virgen de Cortes de Alcaraz. Ya estamos a día 30, abril, que tantísimas alegrías nos ha dado, se nos escapa como agua entre los dedos. Los misterios del rosario se van acabando, las llagas, desvaneciéndose, las predicaciones van tocando a su fin. Con abril, la novena se va terminando. Pero aún quedan los días más grandes, queda mañana, primero de mayo, día grande del novenario. Queda el besapies al Cristo, una vez sus llagas hayan dejado de sangrar y queda el Día de la Cruz. Poco a poco, se va acabando pero todavía no. Y, aun cuando se termine, llevaremos la novena en nosotros cada día del año, cada vez que, al contemplar a nuestro Santo Cristo, mediremos el dolor de sus llagas, pues no hay mayor verdad que aquel verso de sus gozos "el pueblo que por ti reza", porque Cieza reza por y para su Cristo del Consuelo.

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Hoy es el día de la Sagrada familia. Hoy empezamos el mes de Mayo, mes de María, madre del Señor, y lo comenzamos recordando a su casto esposo, San José, y lo hacemos reunidos en torno a la Cruz del Señor. Es más, hoy estamos los hijos, reunidos en torno al Padre, formando el cuerpo de nuestra Madre, la Iglesia. Y aún más allá, los Ciezanos somos hijos del Consuelo, y celebramos la Victoria de su Santa Cruz. Así, en este día de fiesta, nuestro Rey y Padre nos reúne en torno a su Cruz, como familia que somos, para despedirse de nosotros. El final de la novena esta cerca, y la iglesia rebosa de devotos hijos que buscan pasar todo el tiempo posible junto a su Cristo. Muchos no estarán mañana, para cerrar estos nueve días besando sus pies, otros no estarán el jueves, por circunstancias, ni podrán convertirse en pétalos de rosa lanzados sobre su rostro divino. Por eso hoy, que es fiesta, están aquí para demostrar que, como dice el poema que hoy se lee para abrir el mes de mayo, hemos recorrido toda su vega, campo y sierras cogiendo flores con ilusión, cada una de un paraje, cada flor distinta, tiernas o secas, fragantes o inodoras, bellas o discretas, silvestres o cultivadas. Porque ese poema no habla de una persona que recoge flores, sino que cada flor representa a un devoto del Santo Cristo y es Cieza entera quien se los ofrece como un ramo variado, mas uniforme porque ¡De Cieza entera los pensamientos son para Él!
Y otra cosa tenemos en común cada flor de ese ramo: todos guardamos una rosa, la flor del Día de la Cruz, la flor de su Día, una rosa que es nuestro consuelo: ¡Su devoción!


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Santo Cristo del Consuelo, vela por tu Cieza. El Santo Cristo nunca nos abandona, por eso, poned vuestra vida en sus llagas. Hoy es el día de las despedidas. Hoy es el día de despedirnos de las llagas hasta el proximo 24 de abril, hasta el próximo novenario. Hoy es día de despedirnos de nuestro Cristo, de aguantar hasta que nos echen de la iglesia para estar junto a Él, rezándole, contándole todo lo que nos aflige y nos llena de pesar y angustia; de aprovechar que está tan cercano para encontrar en su tierna mirada el Consuelo. Por eso hoy besamos sus pies, por eso la iglesia se llena hasta su máxima expresión, por eso cantamos a pleno pulmón, porque mañana se nos va el Cristo. Pero Él, como nos decía el predicador en la última de sus homilías, no nos abandona nunca. Pero no nos abandona porque los ciezanos somos las golondrinas del poema, no las de Bequer, si no las de José Lucas Conesa, las que llevan al cuello la medallica del Santo Cristo para emigrar. Y nosotros llevamos siempre su recuerdo en la mente y su devoción en el corazón, por eso el Consuelo nunca nos abandona, porque los Ciezanos tenemos la santidad al alcance de un beso: en la imagen de nuestro Santo Cristo del Consuelo.


BESAPIÉS SANTO CRISTO 2018

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"Tranquila, Mama, que cuando esté aquí el Cristo te avisamos." Así le decía una mujer a su Madre, anciana, postrada en su silla de ruedas, asomada a una esquina de la calle buitragos a ver pasar a su Santo Cristo. Y digo a ver con los ojos del alma, porque los de su cuerpo ya no ven. Y, aun así, allí está, pidiéndole al Señor que la deje salir a sentirlo pasar un año más. Ese es el fervor que tiene Cieza. Que hasta los ciegos ven al Santo Cristo. Esta mujer no es la única. Se cuentan por miles los ciezanos (presentes, ausentes o por adopción) que se arraciman en el recorrido para ver pasar a su Rey. Casi tantos ciezanos como pétalos de rosa recorren los cielos del tres de mayo para alfombrar el paso del Soberano de Cieza, para rozar sus sienes llevándole con su fragancia las oraciones que en ellos han depositado quienes los han lanzado. Esas oraciones acompañarán al Cristo a su retiro en la ermita, una ermita perfectamente situada: ni tan lejos que sea dificil llegar, ni tan cerca que esté dentro del mundanal ruido de la ciudad. Oraciones por cada uno, por las familias, para que se mantengan unidas, por los niños, para que aprendan a amarte como te aman sus padres, por los ancianos, para que les dejes estar allí y sentirte cercano, aunque sea sólo por la música de la banda. Y también por los enfermos y por aquellos que no han podido estar junto a ti en este día, por aquellos que han recibido esos pañuelos empapados anoche de la sangre de tus llagas y que, en esas reliquias populares, te sienten junto a ellos. Todos ellos, estando sin estar, han cantado junto a los que te acompañaban el Cristo Bendito, porque, para verte, no hace falta tener ojos, basta la mirada del alma.

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Un momento de oración ante el Cristo del Consuelo. En silencio para presentarle en el último momento de su procesión nuestras súplicas. Unos vivas magnificados por el eco de la ermita. Y lágrimas, muchas lágrimas. Ya estás en tu ermita, y ninguno queremos irnos, hemos deshojado entero tu trono, llevando con nosotros las flores, que guardaremos como recuerdo fragante de que hemos vivido junto a Ti un día de la Cruz más. Llegando a la ermita, no quería entrar, porque entrar en tu bello templo implica el final. Y, ahora que hemos entrado, no quiero irme y dejarte allí. Por eso hay lágrimas, porque tan bien se está junto al Señor que la partida parte el alma. Y volviendo a casa, todo recuerda a ti. Camino de Madrid, donde a voz en grito te hemos cantado tu himno y te hemos vitoreado, como Gloria de Cieza que eres; Calle Mesones, campanas del Convento que te saludaban como Rey de Nuestros Corazones que eres; Calle San Sebastian, Buitragos, Larga, Pinos y Parra, en sus estrecheces aun guardan aroma a pétalos de rosa que se aplastan en sus aceras, en el placentero olvido de quien ha cumplido su misión. Calle del Cid, por donde salías esta tarde, antesala de la Plaza Mayor y de la Iglesia, donde tánto te hemos rezado, cantado y llorado. Ya está, ya todo se acabó y sólo queda una cosa por decir: ¡VIVA EL SANTO CRISTO DEL CONSUELO!


DIA DE LA CRUZ 2018

viernes, 6 de abril de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN - EPÍLOGO

Atípico ha sido este larguísimo Viernes Santo, que empezó con los primeros rayos del sol calentando la tierra y enfriando nuestros corazones con la noticia que traían. Esos rayos se truncaron para darnos unos momentos de tensión, pero igualmente sublimes, como toda nuestra Semana Santa. Todo parecía recobrar la normalidad cuando los Dormis acudían a su inalterable cita con la Cama y su Pasodoble, y nos encontramos un Santo Entierro aún más pesaroso de lo habitual, dándonos a vivir momentos grandiosos en sus primeros pasos y en su postrera recogida. A pesar de ser ya Sábado Santo, a pesar de que el cielo ya se ilumine, escondiendo la luna de plata que venció a la nube de la madrugada, Viernes Santo para mí aún no ha terminado. Queda hacer una cosa, acudir al Velatorio. Sepulcral el silencio de San Joaquín a esta hora tardía, o más bien temprana, tan sólo iluminada su nave con velas que indican el camino al Cuerpo Yacente de Cristo, tendido en el centro del altar junto a su Madre, que lo llora desconsolada. No eran dos imágenes, era de verdad un velatorio. Tengo por cierto que todos los que por allí pasaron y ante su Faz muerta se sentaron vieron en ese cuerpo tendido a sus propios difuntos. Yo sentí que aquellos que ya se me fueron estaban allí, aguardando junto con Cristo la Resurrección.


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Mi altar particular está vacío. Son casi las 9 de la mañana del Sábado de Gloria y yo aún no he descansado, habia que hacer memoria de todo lo vivido esta Cuaresma y esta Semana. La fragancia a rosas del Perdón, de la Coronación y de mi Nazareno despierta en mi mente los recuerdos que hoy se recogen aquí. Ahora si, mi Semana Santa ha terminado, ahora sólo queda esperar la Pascua de Resurrección, durmiendo igual que el Señor de la Cama.


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Tarde de Sábado Santo. Anticipo de la Gloria. Gloria reflejada en la alegría de los niños. Pero es una alegría que a nosotros, los mayores, más conscientes del paso del tiempo, es una alegría empañada por la nostalgia. La música es ahora para mí lo que importa, ya dejo de estar pendiente de la fotografía o de otros menesteres, sólo disfrutar de estos últimos instantes de Semana Santa. Corta la caja en la calle Canovas del Castillo, girando hacia Buitragos, y comienza a sonar el ciezanísimo pasodoble "Santa María Salomé", ese pasodoble que tan grabado tengo en mi corazón. No pude evitar llorar. Eso es Semana Santa, emocionarse sin razón, incluso en la tarde más alegre del año.

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Domingo de Resurrección, calle Salvador Seguí. Después de hacer la esplendida Cortesía, ese broche de oro de nuestra Semana Santa, y lucir la alegría de la Resurrección, cuando la carrera llega a su ecuador, vuelve a sonar Santa María Salomé. De nuevo empiezo a llorar. Es el pasodoble de mi infancia, de mi hermandad, es con el que se cierra mi Semana Santa, al igual que tantas cosas... Viernes Santo era un día de despedidas, pero hoy, Domingo de Resurrección, cuando el cortejo llega a la esquina de la calle Santo Cristo con Cánovas del Castillo, todo parece ir disolviendose. Hoy es el día de la despedida definitiva: Cristo asciende a los Cielos, los pasos se oscurecen en la Casa de los Santos, volviendo a dormir hasta dentro de más de un año. Muchos de los amigos y compañeros que esta semana han estado aquí, vuelven a sus lugares de origen. Por eso lloro al ver entrar a mi Salomé, por eso suspiro al ver a la Virgen del Amor Hermoso resguardarse del Sol en la Ermita de San Bartolomé, por eso lloro al tocar "Santa María Salomé" en la calle Salvador Seguí, porque se que todo acaba ya, y una Semana Santa como ésta no volverá, porque cada año es distinta. Así está la magia del Domingo de Resurrección, que siempre te deja con ganas de más, de mucho más, para que puedas disfrutar más plenamente cuando la mañana vuelva a nacer y Cieza vuelva a ser Jerusalén.

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Lunes de Mona. Mientras limpio la casa, saco la vieja cinta de cassette de Semana Santa y vuelvo a escuchar los sones de las marchas de Gómez Villa y Antonio León. Poco a poco, los vestigios de esta gran Semana van desapareciendo. Las flores, las colgaduras, las túnicas, el olor a incienso y alhelí... Y paso a limpio todos estos recuerdos que he ido acumulando entre Miércoles de Ceniza y Domingo de Resurrección. Los momentos se agolpan en mi cabeza, las lágrimas en mis ojos mientras escucho el final de "Cristo del Perdón" y escribo esto. Recuerdo cada vez que he redactado una de estas entradas, una junto al Cristo de la Sangre en la calle cadenas, otra sentado en la escalera de la Asunción, esperando la llegada de la Soledad... Ahora suena el final de la selección musical de la Cassette, el Himno del Santo Cristo. Las lágrimas se evaporan y vuelve a mi la sonrisa, porque ahora empieza la otra Semana Santa: la de fotos y videos, la de recuerdos y esperas, la de procesiones por dentro y tertulias esporádicas, de pasar por la iglesia a cada rato a ver los Santos y llorar frente al portón de la calle Cánovas del Castillo. La Semana Santa de buscar cualquier excusa para sacar un trono a la calle, porque no aguantamos hasta Cuaresma. Una Semana Santa que se consagrará el 3 de mayo, cuando el Santo Cristo abandone una vez más la Basílica, buscando el refugio de su ermita, con todo su pueblo cantando a pleno pulmón "Cristo Bendito, Gloria de Cieza". Volveremos a llorar cuando eso ocurra, porque aún veremos muy lejano el Domingo de Ramos, y tendremos que esperar sentados en un banco de su ermita a que Él baje de su retablo y salga a la luz de la tarde del día más bonito del año. Hasta entonces, aguardaremos, que lo que nos gusta de verdad es la Espera, la Eterna Espera.

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Con este epílogo cerramos la Crónica de la Semana Santa de Cieza 2018, estos han sido mis momentos de Pasión, ahora os invito a que dejeis fluir vuestra memoria y recordéis esos momentos de la Semana Santa que os han marcado este año. Mientras, Pensamientos de un Ciezano y Redes Cofrades seguiremos ofreciendo nuestro contenido para que nadie olvide que cuando menos nos lo esperemos será otra vez Domingo de Ramos.



REPORTAJE FOTOGRÁFICO
SEMANA SANTA 2018

SEMANA SANTA 2018

miércoles, 4 de abril de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN - LA PASCUA

Esperanza en la tarde. Las campanillas del palio al alcance de mi mano, con su repique de Esperanza. Verte pasar, Madre, por fin en tu palio como Reina que eres, mostrándote como prueba de que la Esperanza es lo último que se pierde, me llena de alegría en la tarde de Jueves Santo, cuando el sol aún no se ha puesto del todo. Pero viendote en esa tarde en que tú eres el centro absoluto de nuestras calles y corazones, que ya tendremos la noche para acompañar a tu Hijo, nuestro Señor, no puedo si no sentir melancolía de esas ocasiones totalmente opuestas a esta, pero semejantes en un aspecto. En lugar del ocaso, la aurora, en lugar de Reina y Señora, Madre y Mediadora, en lugar de primavera recién nacida, otoño en pleno vergel, en lugar de un manto de flores, un vestido de oraciones, pero el mismo milagro de tu mirada. Esa mirada, que me ha vuelto a traspasar desde la cercanía de una ventana en Diego Tortosa, me ha dicho que pronto nos veremos, en esas auroras silenciosas y discretas del mes de octubre, cuando volvamos a descubrir que el Rosario es un milagro en si.

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Silencio. Que bella palabra. Silencio ante Dios en el sagrario. Silencio ante la Agonía de Dios encarnado. Silencio de un llanto, escondido en la capilla, de una mujer, anónima bajo el capuz, que esta madrugada recorrerá Cieza iluminando tu paso, llevando la luz que tu mismo has iluminado. Qué bien se está aquí, Señor. Dónde si no se puede ver tanta gloria junta. Dios sacramentado, vigilante en el sagrario, Cristo Crucificado, agonizando en Silencio; y Espíritu Santo, inflamando con su fuego nuestros corazones enamorados de ti. Son muchos los recuerdos de hoy. Pero hace tiempo sabia que el momento de pasión de jueves santo sería para el Silencio. Escondido en la capilla, el murmullo de la iglesia se apaga, tu eres el muro que acalla ese murmullo, tú bloqueas ese quedo influjo con tu silueta recortada contra las bóvedas de la basílica. No son pocos los que vienen ahora junto a ti a llorar como esa anónima mujer que esta noche ha hablado contigo entre lágrimas... Antes incluso de verte en la calle.

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De nuevo y por fin (tras la, por desgracia, abarrotada y bulliciosa carrera) Silencio... y lágrimas descontroladas en tu capilla. Se que al otro lado de la pared tu agonizas en el getsemaní del Sagrario, pero no puedo si no llorar con el Aria de Bach, que aún resuena en los rincones de la capilla y de la Plaza, con el Cerca de Ti, que con queda voz he cantado a tu lado... Igual que resuena en mi corazón ese momento en que, a viva voz, te he pedido Liberame Domini de Morte Aeternam, mirándonos a los ojos en una calle San Sebastian que nunca podrá entender esa mirada. Y es en la calle del Barco donde otra mujer lloraba, no con los ojos sino con el alma, buscando el único lugar del recorrido que aún queda para poder hablar contigo en Silencio (pues, como recordé esta cuaresma, en el silencio habla Dios). Miradas apoyadas en las fachadas de las calles Cadenas y Barco, buscando el Silencio de tu paso, el recogimiento y la oración que nos invitas a realizar. Empezar a desgarrarme el alma, como tantas veces, en las claras, y supurar esa herida en lágrimas de despedida, un Jueves Santo más, en tu capilla es mi recuerdo de este Jueves Santo.

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Qué triste un Viernes Santo sin caracolas. Que triste un Viernes Santo sin plumas romanas frente a los Valencianos. Que hoy los armaos no están escoltando al Nazareno, que se duelen al velar su particular "Cama de Cristo". Qué triste una Esquina del Convento sin marchas sonando, sólo silencio y cajas de luto. Qué triste un Viernes Santo sin el Santo Cristo cerrando el desfile en la Plaza Mayor, con ese particular poetismo que lleva a la Dolorosa y a su Hijo por caminos distintos: el uno al Sepulcro de la Iglesia, la otra a la Casa-Museo de su Dolor. Qué triste para mi cruzarme a través de la calle mesones a mi Nazareno, sabiendo que ya no lo veré más en la calle hasta dentro de mucho, despidiendome de Él en la cercana lejanía de correos, mientras yo sigo escoltando al Consuelo por la Esquina del Convento. Mas, que curioso, lo triste se vuelve alegre. Esa despedida no será tan extensa, que en octubre, si el Nazareno quiere, nos volveremos a encontrar. La lluvia que truncó el Via-Crucis del Penitente, convirtió Viernes Santo en 3 de mayo, con Cieza aplaudiendo a su Cristo a paso ordinario, sólo faltaba una chispa que desencadenara en sus voces el Cristo Bendito. Esa misma lluvia, que nos dejó con la procesión a medias, consiguió que esta se cerrara con La Cortesía, y qué insólita y ciezanísima estampa la de ver a la Dolorosa entrando con un pasodoble. Así es Cieza y así es la Semana Santa, la tristeza del final inminente se convierte en la alegría de la última mañana. De esta forma, Viernes Santo se convierte en día de despedidas: la del Nazareno, la de la Dolorosa, la del Santo Cristo... No hay día, pues, mejor recibir la llamada del Padre, pidiendo tu retorno a Casa. Hoy que recordamos la Muerte de Cristo, estamos con más razones de luto. Pero ya nos lo decía anoche María. Siempre hay que tener Esperanza. Si el propio Cristo murió (y sigue muriendo) hoy, no hay mejor día para asociarse a su Muerte, partiendo con la serena seguridad de que está próxima la Resurrección.

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Viernes Santo y la Semana Santa de Cieza, tan cambiante y voluble como la vida misma. En un momento todo es luto y llanto, al siguiente estamos corriendo al son de la Cortesía, huyendo de la lluvia. Y qué cosa tan curiosa esta, comenzábamos con Semana Santa Ciezana donde debiera estar un pasodoble, y donde debiera estar una marcha lenta... La Cortesía. Esos cambios son Semana Santa, y esa simetría poética. En un momento estás cantando La Muerte no es el Final y al siguiente bailas al son del pasodoble de los Dormis, en una magnífica tarde de traslado. Después de la tristeza de la mañana y del mal tiempo a mediodía, encontrarme con la Cama de Cristo de frente al salir de los oficios era justo lo que necesitaba para recobrar las fuerzas y los animos para afrontar la noche. Que cosa más ciezana, tornar el luto en danzas, el llanto en cantos, convertir el Sepulcro en la Cama y mecerla a tan ciezano paso. Que bello ese momento. Ya habrá tiempo de llorar y emocionarse esta noche, ahora hay que reir y disfrutar de esos regalos que la Semana Santa de Cieza nos hace.


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Viernes Santo, día de despedidas, noche de llanto y emoción, de luto, recuerdos y homenajes, de oraciones y silencios. No hay procesión más melancólica que ésta, tanto por el caracter de entierro de esta noche santa como por la consciencia que todos vamos cobrando de la cercanía del fin. Mas aún hay tiempo de sorprendernos y descubrir nuevos momentos. De nuevo la música y de nuevo la cama. Una magnífica marcha, de corte clásico, muy al hilo de Getsemaní, de un buen amigo y compañero, tan perfectamente hecha que parecía que siempre ha sonado en esos últimos tramos del recorrido, donde la luz se funde con la sombra del campanario y todo se vuelve quedo y apagado, como si entráramos en un camposanto. El Rey Duerme, orlado de ángeles, escoltado con los más altos honores, camino del sepulcro que el Domingo aparecerá vacío. Para mí, tan cerrado en gustos musicales, enamorado para siempre de Dorado, San Miguel y Cebrián, descubrir de esta forma una marcha que me llegue al alma es poco menos de un milagro. Por eso, de todo Viernes Santo, de todo el Santo Entierro, me quedo con la Cama girando hacia la Calle San Pedro, que esta noche es la puerta de la tumba donde será depositado Cristo, al son de el Rey Duerme, de Javier Cano.

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La luna quiso asomarse a verte salir, Señor, en tu camino entre la Muerte y la Resurrección. La luna quiso asomarse pero las nubes no le dejaron. Quiso también la lluvia saludarte, asustándonos a todos, mas tus cofrades son fuertes y pacientes, y avanzaron sin miedo hacia la calle de la Hoz, esa puerta al inframundo que te lleva hacia la bajada del Muro, buscando salvar a Adán y a todos nosotros con él. No pudo vencer el mal tiempo, y recorriste tu itinerario, cerrando así la Pasión y abriendo la puerta a la Resurrección. La iglesia envuelta en una nebulosa de incienso, la luna llena filtrando sus frios rayos por el arco de la puerta y Tú reinando sobre todos nosotros arrodillados. Oh, Dios del Cielo, Señor de lo Infinito, tiende tu mano y abre los abismos. Es este momento con el que me quedo de esta procesión, al igual que todos los años, por ser el instante en que la Semana de Pasión toca a su fin. Ya sólo queda la Gloria de la Pascua.



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Aquí culmina la Pasión de Cristo según Cieza, una Pasión que este año nos ha sorprendido como si fuera la primera vez con su tradicional forma y con esos momentos atípicos que nos han hecho vivir instantes históricos. Ahora, cuando Sábado de Gloria ya comienza a despuntar en el horizonte de la Atalaya, se cierra este capítulo de la Crónica.

lunes, 2 de abril de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN - LA GLORIA

¡Por fín ha comenzado! ¡Por fin ha regresado! ¡El reloj por fín se ha parado! Es Viernes de Dolores y no podemos estar si no felices. Hasta la lluvia y el viento quieren ver a nuestra Dolorosa en la calle. Y el frío arropar al Cristo de la Misericordia. Hoy, Viernes de Dolores, comienza este diario de Momentos de Pasión, diario que se cerrará con las puertas de la Ermita de San Bartolomé al mediodía del Domingo de Pascua. Pero ese domingo aún se ve muy lejano, aún queda mucho camino por recorrer, muchos momentos por vivir.

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He llorado. Si, he llorado. De nuevo María, nuestra Madre, Lucero que anuncia el día y Estrella de la Tarde. Maria, Madre, a quien los niños acompañan. De nuevo los niños. Cuánto hemos de aprender de ellos,  pues, quien no se haga como uno de ellos, no entrará en el Reino de los Cielos. Y hay que saber llorar, como ese niño vestido de monaguillo, incensando al Medinacelli en su ultimo y breve trayecto, el justo para cerrar su camino y despedirse de su Madre. No se por qué lloraría el niño, pero si se por qué lloraba yo. El Camino de Jesús de Medinacelli se acaba, la cuaresma que me ha hecho volver a enamorarme de la semana santa ha terminado. Pero mas que eso, he compartido las lágrimas de la Dolorosa al despedirse de su Hijo. Qué se dirán cada Viernes de Dolores en esa eterna y atemporal despedida. No se las palabras exactas, pero se que me han hecho partícipe de ellas, llorando con Maria, como un niño que busca asustado a su madre. Y aún sigo llorando mientras repaso todo este día y rezo abrazado al leño de la Misericordia. Y qué agusto se llora abrazado al Padre y cogido de la mano de la Madre.

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Esta noche hemos rezado el rosario con la Cofradía de la Caridad, que nos ha mostrado los misterios dolorosos por las calles de Murcia. De repente, entre las nubes movidas por el fuerte viento, la luna, uña cada vez más completa, se ha asomado para que Jesús, agonizante ya esta noche en Getsemaní, la contemplara entre el Romea y Santo Domingo. Que bella estampa, y que conmovedora. Jesús, desmayado en brazos de un ángel, mira a la luna con su luz reflejada y saca de ella fuerzas para afrontar su calvario. Que al contemplar éstos días la luna, sepa yo también encontrar fuerzas para resistir el duro ritmo de esta Bendita Locura, una Semana que ya ha comenzado, pues ya pasan de las 12 y, oficialmente, ya es Domingo de Ramos.

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Ya es Domingo de Ramos y no podemos ser si no felices. Llevo toda la mañana silvando "el Ángel Triunfante", desde que me he levantado y he visto el sol Radiante, el Sol de cada Domingo de Ramos. Sin embargo, aunque no me termine de convencer ver a la Burrica a paso lento en la Calle San Pedro, en ese penúltimo rincón de la procesión donde el cortejo se despoja de filas y nazarenos de todas las cofradías y hermandades esperan para disfrutar del alegre paso de Jesús entrando Triunfante en la Jerusalén Ciezana, he de confesar que algo se remueve en un recoveco de mi alma cada vez que suena Semana Santa Ciezana. ¡Qué acertado estuvo Gómez Villa! ¡Qué bien describió nuestra Semana Santa, que era también la suya! Tan bien la condensó en su marcha que esa obra queda bien con cualquiera de los Pasos y Procesiones. Si hasta parece que la marcha cambia cuando se interpreta en distinta calle, tras un paso distinto, en una porcesión distinta, pero nunca desentona. O bien Cieza se amolda a esa marcha, o bien esa Marcha está hecha a la justa medida de toda Cieza. Y, aunque no debiera sonar una sola composición lenta en la Mañana de Ramos, doy gracias a los Dormis por colocarla en la Calle San Pedro, al regreso de la Procesión de la Palma, pues me ha permitido darme cuenta de esta verdad: "Nunca podremos estar suficientemente agradecidos a don José Gómez Villa por Semana Santa Ciezana".


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Ser fotografo te permite vivir momentos inolvidables, colarte en los más inusuales y privados recovecos, capturar momentos inigualables. Pero, a veces, hay que detenerse y ver la Semana Santa como un procesionista de las aceras, dejar la cámara a un lado y disfrutar del momento sin la lente entre tu vista y la cofradía. Lunes Santo. Yo que te he menospreciado, dándote en mi corazón un valor inferior al que tienes, hoy me has enseñado esta valiosa lección. Me has ofrecido la Cruz de Doble Brazo, sabiendo lo que siento por esa marcha, me has recordado por que soy músico. La musica explica todo aquello que las palabras se ven incapaces de transmitir. Solo esa marcha, combinada por el paso retenido en el lugar de la siguiente estación, meciendo al Cristo de la Sangre como sólo un Ciezano sabe hacer, solo eso es capaz de explicar mis lágrimas apoyado en una pared de la calle cadenas ante el Cristo de la Sangre.




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Las carreras, eso es Semana Santa. Una carrera para preparar las cosas para retransmitir, otra carrera para llegar al Prendimiento, corriendo de nuevo porque no llegaba a la retransmisión, sin poder ver salir al Nazareno por ello. Corriendo ahora a dejar las cosas y poder pillar a la Cena antes de que entrara, corriendo a ver a mi hermano cargando con el Señor, a tiempo para echarle una foto, y corriendo por la calle empedrá para grabar al Prendimiento entrando. Y más carreras para pillar entrando a la Oración al son de su pasodoble "Los Dormis". Y, finalmente, corriendo para poder acompañar a mi Nazareno en sus últimos tramos. Eso es Semana Santa, querer estar en Misa y Repicando, grabando, echando fotos y cargando. Eso es Semana Santa, estar lo más vivo posible y no perderte ni un segundo de procesión. Por eso corro entre esquina y esquina, por eso voy corriendo de calle en calle, porque Semana Santa es la vida que pasa volando.

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Miércoles Santo es alegría, miércoles Santo es ciezania, jolgorio, tradición. Miércoles Santo es Solemnidad y Adoración, es rezar con Mater Mea y cantar con Antonio León. Miércoles Santo es el culmen del Ciezano procesionar. Es ver a los niños alegres sintiéndose anderos, algunos por vez primera. Es un río espumoso desbordándose por el paseo y una tranquila acequia verde regando las claras. Es el murmullo de las túnicas y el vaivén de las galas, es la sombra del judas iluminando la penumbra del campanario y la Luz del Alba, anticipada por la luna, acariciando su pico. Es esperar apoyado en una pared tu relevo mientras pasan las cofradías y correr para verlas a todas de esquina en esquina. Es el propio Cesar romano paseandose por la Calle de la Parra y la Dolorosa llorando a los pies de la cruz de su Hijo el Consuelo, a las puertas de la iglesia. Son las campanas de San Joaquín aclamando a su Señor, el Perdón. Es la Pasión y la Tradición, es la musica y el paso, es el terciopelo y el oro. Miércoles Santo es Semana Santa de Cieza en estado puro. Miércoles Santo es un niño, vestido de Magdalena ya con dos años y media lengua, preguntándole a su padre, que lo lleva en brazos, los nombres de cada uno de los santos, y el padre respondiéndole, empapandolo del veneno que a todos nos llena estos días, perpetuando nuestra tradición.

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Y con la luna, casi llena para la Pascua, dialogando con la Luna encarnada, Luna atravesada de Dolor, se cierra este largo Miercoles Santo y, con él, esta segunda parte de la Crónica de la Semana Santa de Cieza 2018. Ahora, cuando el sol se levante, será verdaderamente Jueves Santo, comenzará el Tríduo Pascual: Cénit, cúlmen y broche de esta Semana Bendita.



jueves, 22 de marzo de 2018

MOMENTOS DE PASIÓN - PREFACIO

He de confesar que no quería volver, que estaba hastiado y apático, sin ganas de marchas ni de incienso. El año pasado fue tan intenso que, pasado el sueño navideño, apenas me quedaban ansias. Lo veía todo gris y sin sentido, se convirtió en cenizas el fuego que me inflamaba, se apagó en mi la llama de la Pasión. Estaba triste y apagado, mas el viento frío del mes de enero sopló con su fuerza y, las ascuas que en mí creía extinguidas, cobraron potencia y crecieron, extendiendo el incendio que se propaga entre abril y marzo por mi ser. Y hoy, arrepentido por mi traición a mis principios, vuelvo llorando a la Iglesia, buscando aquello que quise dejar atrás y que, ahora, cuando aún no ha hecho sino comenzar, ya añoro con todas mis fuerzas.

Igual que con mi cámara, este año mi alma ha retratado escenas, momentos, instantes de nuestra Semana Grande. Ha guardado esos pequeños detalles que, sumados, convierten a Cieza en Jerusalén durante una semana y hoy, cuando la cera espera para revestir las duras calles de adoquín, el caramelo quiere endulzar las aceras y de los rincones ya emanan aromas a incienso y flor, vengo a traeros esas perlas de memoria que he ido atesorando desde que el día de San Valentín volviera a enamorarme de la Semana Santa de Cieza.

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Y, de repente, volví la cabeza, mirando hacia el gentío, y vi el campanario iluminado, eclipsado por la espesa cabellera del Medinacelli, parado allí, en su segunda caída, que esta vez le sobrevino en la calle del Cid. Sentí, por fin, que estaba en casa. Los agobios que había sentido hasta hacía unos días, las dudas, la apatía, el cansancio, todo se disipó. Junto a mí volví a sentir la mano de aquellos que se me fueron, rescatados del recuerdo por el ondear de las galas, el aroma a clavel y lirio y la doliente y estoica mirada de Nuestro Padre Jesús, el Medinacelli, de nuevo en Via-Crucis. Me vi de la mano de mis mayores, aprendiendo los cantos, aprendiendo a rezar, aprendiendo el significado de la Pasión. Y vi a dos niños, vestidos de monaguillos, con el incensario y la naveta, esforzándose por mantenerse serios como el desfile requiere. Pero sus progresos en esta materia quedaban destrozados por su delatadora mirada, que si sus bocas se cerraban con fuerza, sus ojos sonreían de oreja a oreja, porque al fin había llegado la Cuaresma. Me redescubrí a mi mismo en esas miradas, volví a ser el niño enamorado de un trono (o de todos ellos) que siempre he sido.


Silencio. Qué palabra tan bella. Recuerdo que en catequesis, cuando era pequeño, a menudo nos decían que en el Silencio se escucha a Dios. Y nunca terminé de comprender esas palabras hasta que, un Jueves Santo, vi al Cristo de la Agonía despedirse de las Clarisas. También comprendí que el Silencio es más potente cuando lo acompaña la música inspirada. Silencio. Silencio en la Iglesia. Silencio y Oscuridad, como un Jueves Santo condensado en una tarde de domingo de febrero. “Pie Iesu, Domine, dona eis Requiem”. Tenue iluminación de candelas… y de los violáceos y mortecinos faroles del Silencio. Hombres vestidos de gala y luto, portando a Dios hecho Madera por la nave central del templo hacia la capilla que es su casa. Calla el tambor y entona el órgano un acorde que sirve de sostén a la soprano para arropar en su melodía al Cristo de la Agonía. Llegados a la capilla, se hace el Silencio donde se escucha la voz de Dios. Y la divina voz se transmutó de nuevo en órgano y canto, a través de una de las más bellas piezas, y la más acertada a mi parecer para el momento de elevar el Madero Salvador: “Pie Iesu, Domine, dona eis Requiem”. El Pie Iesu del Requiem de Fauré y el Cristo de la Agonía subiendo a su trono, en su paciente espera para el Jueves Santo, transportaron mi alma a un lugar donde la Paz Eterna brilla como único sol. Necesito tanto de ti, Señor. En apenas dos instantes me has devuelto la Pasión y has despertado mi Fervor. Espero reencontrarme contigo cuando de nuevo se apague la luz, luzcan las candelas y se pueda escuchar tu voz. Cuando sea el Silencio.



Primer Viernes de Marzo, una tarde lluviosa, y qué belleza más cofrade es esa lluvia, que tanto bien hace a nuestras huertas. Hemos de recordar que el agua es necesaria y, si ha de llover en Semana Santa porque sea el momento propicio, que así sea, pero que nadie pase hambre por falta de lluvia. En esa tarde de viernes, a parte de por lluviosa, el Medinacelli se queda en su altar del Convento para recibir mejor la lluvia de besos que los ciezanos le dispensan en ese día. Tal es el fervor que el pueblo de Cieza atesora que pocos son los ciezanos que no pasan ante sus plantas a besar sus desgastados pies. Es imposible negar que nuestra localidad tiene un sentir religioso y cofrade muy arraigado, que sigue pasando de padres a hijos. Tanto es que, aun durante la misa y el rezo del via-crucis, no hay bastantes hermanos de la cofradía para contener a quienes se lanzan fervorosos a rozar apenas la orilla de su túnica. No hay más que pasar por allí a cualquier hora de ese día para descubrir cientos de oraciones, hechas beso, mirada y cirio ofrendado, que cubren cada palmo del antaño convento franciscano. Esa mujer mayor que le pide por sus hijos en paro, por su marido enfermo, por aquellos que ya se fueron y por ella misma, para que su Señor de piel morena le conceda al próximo año poder volver a besarle los pies. Ese hombre que silenciosamente se acerca y, rápidamente, le besa los pies, pues tiene prisa para seguir con sus quehaceres, con su trabajo, con su família y en ese ligero beso reza por los suyos. Esa madre que lleva en brazos o de la mano a su hijo pequeño, a enseñarle lo que nos hace ser quien somos, nuestra identidad, enseñandole, como su madre a ella, hay que besar los pies al Medinacelli. Y así se perpetua lo que tanto molesta a muchos: la tradición y la devoción de rendirnos a Jesús de Medinacelli como Padre y Señor Nuestro.

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Eres la Virgen de Gracia y Madre Nuestra querida. En verdad eres madre nuestra porque, al verte salir por el angosto arco de tu clausura, nos sentimos como niños. Y es que la noche del traslado de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza es una noche para los niños. Una noche para ese niño, cuya mejor herencia es estar enfermo con esta bendita locura, aferrado a una farola a hombros de su padre, alzándose como Zaqueo en la higuera para ver pasar la procesión. También para esa niña que hoy estrena túnica y lleva alegre su vela porque por fin puede salir desfilando como su hermana, como su padre... Y es una noche en la que nos volvemos como niños con un juguete nuevo, pues por fin vemos el final de la espera cerca. Por fin las calles huelen a incienso, la cera resbala sobre el adoquín, las paredes proyectan ecos de marchas y las ventanas reflejan destellos de candelas. Por fin hay un trono en las calles. Y qué casualidad que sea la primera una Virgen, una Mujer que, lejos de someterse, acepta de buen grado la misión que se espera de ella y se convierte para todos en un ejemplo de entereza, siendo luz y esperanza, manteniendo sobre sus hombros el peso del mundo cuando todo es oscuridad y pesar. Y qué casualidad que sean niñas la mayoría de su tercio, y que tengamos dos relevos para su pequeño paso compuestos de mujeres, porque sin ellas, sin todas las mujeres anderas, nazarenas, penitentes, bordadoras, floristas, músicos, directivas, fundadoras, madres e hijas, la Semana Santa no sería Semana Santa. Digo "qué casualidad" porque no fueron pocos los insultos y críticas que la Iglesia y las Cofradías se llevaron en algunas de las manifestaciones por los derechos de la mujer (celebradas apenas dos días antes), cuando, sin la mujer, iglesia y cofradías se hundirian.

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Las carreras. Ir de esquina en esquina corriendo para alcanzar la cabeza de la procesión, buscando al Medinacelli una última vez antes de ir al encuentro de San Pedro. Eso es Semana Santa. Las conversaciones con esos compañeros cofrades, a los que nos une esta bendita locura, los encuentros en cada acto, la emoción antes de que se abra el portón de la iglesia y el contenido suspiro en el rotundo silencio que se forma cuando este se abre, mostrando interminables filas de nazarenos dentro. Eso es Semana Santa. Vivir la cuaresma como si no hubiera más año fuera de marzo, querer estar en todos sitios al mismo tiempo y correr hasta que las piernas no den de si para lograrlo. Planificarlo todo, intentar hacer de todo, no lograrlo y, en el error, descubrir que todo es maravilloso; que, gracias a una idea que nunca se llega a cumplir, te encuentras con San Pedro cara a cara, envuelto en incienso en un balcón del Camino de Madrid. Eso es Semana Santa.


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Cieza es Jerusalén. Así lo ha manifestado hoy Tomás Rubio, nuestro pregonero de este año, en uno de los mejores pregones que he escuchado jamás. Mientras sonaba Jerusalén y él nos desgranaba su prosa, cada fibra de mi ser vibraba, el vello se me erizaba e incluso alguna lágrima se ha escapado. Entre todas las verdades que ha dicho, todos los momentos que ha anticipado, todas las frases que ha pronunciado, la mayor de todas es el propio título, inscrito en grandes letras en las escaleras del altar: los ciezanos NO PODEMOS CALLAR LO QUE HEMOS VISTO Y OIDO. Así nos ha definido a todos los semanasanteros ciezanos. No podemos dejar de ser pregoneros en nuestro día a día de nuestra Semana Santa, lo que nos hace ser como somos.

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¿Que por qué me gusta tanto esto? ¿De verdad lo preguntáis a estas alturas?
Porque Semana Santa significa volver a ser como niños, como los niños que fuimos un día, echándole besos al Señor desde los brazos de nuestra Madre, o aprendiendo a rezar junto al Medinacelli de la mano de nuestra abuela. Porque Semana Santa es recordar a aquellos que ya no están y que un día te precedieron y enseñaron a vivir esa celebración. Porque Semana Santa es reencontrarte con esa gente que hacia tiempo que no veías y reír, hablar, criticar, filosofar y llorar junto a ellos sin necesidad de más explicación que la de una marcha. Porque Semana Santa es dejar de ser uno más y pasar a ser la razón por la que en esta semana toda Cieza se revuelve, para ti, sentado en tu silla, destinatario de las procesiones. Porque pasas de ser uno más a ser la fuerza justa que hacia falta para terminar de levantar el trono, el capuz justo para que las filas no parezcan vacias, la ultima flor de  un centro, la puntada de gracia de un manto o la nota que faltaba en el acorde. Porque pasas de ser uno más a ser el más importante, porque gracias a ti, ese grano que solo no hace granero pero ayuda al compañero, una persona ha visto desde lejos tu procesión, la ha hecho suya y se ha enamorado como tú de ella. Porque la Semana Santa nos engrandece. Por eso tanta emoción en estos días de cuaresma, por eso tanto fervor con los días que vienen. Ahora toca vivir y no soñar, mañana es Viernes de Dolores, mañana se acaba la Cuenta Atrás.

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Aquí termina esta primera parte de la Crónica de la Semana Santa 2018, esta crónica en forma de diario y recopilación de momentos y reflexiones. Ahora toca disfrutar de la Semana Santa 2018. Os invito a hacer igual que yo haré e ir en busca de momentos que almacenar en nuestro recuerdo.
¡FELIZ SEMANA SANTA 2018!

CUARESMA 2018

martes, 20 de marzo de 2018

CUARESMA 2018: CUENTA ATRÁS

¡Por fín ha llegado! Ya estamos en verdadera cuenta atrás. La Cuaresma, el tiempo de preparación va tocando a su fin y nuestros corazones están ya listos para llenarse de Pasión. ¡Ya está aquí!

Tiempo ha que el Medinacelli nos acompaña en nuestro Via-Crucis cuaresmal, ayudándonos a limpiar nuestros corazones. Hace semanas que el Cristo de la Agonía está puesto en su trono, aguardando pacientemente la media noche de Jueves Santo. Hace también una eternidad ya que la Virgen de Gracia y Esperanza abandonó su reclusión monacal para acercarse al corazón del barrio, para dormir a la sombra del Campanario en la espera de la tarde del mismo Jueves que su Hijo agonizante. San Pedro bajó del cielo de Santa Clara y la Dolorosa ya preside San Joaquín esperando su Viernes, pues poco queda ya para que Ella abra las Vísperas, anticipando junto a su Hijo, el Señor del Convento, el Domingo en que el Paseo se convierta en río áureo y multicolor, como ya lo hizo el pasado domingo, aireando los Estandartes para pregonar que, como hace años se dijo en Sevilla: "Para tocar el Cielo con las manos, nos falta sólamente una semana".

No quiero hacer yo ahora otro pregón, no quiero repetir lo que otros o yo mismo ya he dicho, sólo invitaros a dejar a un lado la rutina, olvidar por una semana el movil, el facebook, el instagram, el youtube, las redes sociales y salir a la calle a vivir en primera persona todo lo que va a ocurrir y no parapetarnos tras la infranqueable barrera de la pantalla digital. Pues la Semana Santa es para vivrla, no para tuitearla. Recordad bien que es tan sólo una semana y por cada minuto malgastado en las redes sociales, habremos perdido un precioso minuto de procesión que ya no recuperaremos.

Tambien invitaros a vivir esta Semana Santa como un encuentro con Dios, que se hace presente en nuestras calles por medio de las imágenes, y que revive en verdad los misterios de su Pasión, Muerte y Resurrección sobre los altares de los templos. Como ya invitaba al inicio de la Cuaresma: Acerquémonos todos al Altar, que es la mesa fraterna del Amor. Partamos el pan de la amistad con nuestros hermanos y reencontrémonos con Cristo, que en el Sagrario espera nuestra visita.

¡COFRADES!¡DESPERTAD! Que Cieza entera bulla. ¡LA PASIÓN VA A COMENZAR!


CUARESMA 2018

Desde Pensamientos de un Ciezano, Redes Cofrades y @SSCieza queremos agradecer todo el apoyo recibido en esta Cuaresma 2018. Esperamos que el contenido que os hemos ofrecido haya sido de vuestro agrado y que sigáis confiando en nosotros para hacer más corta la Larga Espera.

¡FELIZ SEMANA SANTA 2018!